117 años de cultura y religión

SANTIAGO. Han transcurrido 117 años desde la bendición y reapertura   de la Catedral Metropolitana de Santiago,  culto  que fue presidido por el arzobispo de Santo Domingo, monseñor Fernando Arturo de Meriño, con la presencia del  presidente Ulises Heureaux  y el maestro constructor del templo, Onofre de Lora.

Para ese año,  1895, Santiago vestía  de artes  a su gente y  levantaba la voz al inicio de un turismo cultural que creció con la apertura de  otras estructuras que aún se conservan.

El emblemático edificio de la Catedral Metropolitana de Santiago,  reinaugurada  nuevamente por el hoy expresidente  Leonel Fernández,  abre  el fuego virtual que invita a la restauración integral del Centro Histórico de esta ciudad, con la animación de un turismo cultural que transforme la economía de la ciudad, proponiendo nuevas y creativas soluciones, cómo gestionar zonas de comercio libres de impuestos, administradas por los ciudadanos que decidan invertir en la restauración de sus edificios históricos, entre otras posibilidades.

La catedral. Dedicada a la advocación del Apóstol Santiago el Mayor, patrono de la ciudad, es considerada el monumento ecléctico por excelencia en la ciudad.  En ella se conserva una de las dos únicas copias que existen en el mundo de la famosa escultura “La Piedad”, de Miguel Ángel y se guardan los restos del presidente Ulises Heureaux y de los generales José María Imbert, Fernando Valerio, Pedro Antonio Pimentel y Lucas Evangelista de Peña.

Ocupando el espacio reservado a la iglesia parroquial desde la tercera fundación de la ciudad en 1562, consta de tres naves, de las cuales la mayor, con bóveda de cañón, es coronada en el ábside por una cúpula, en cuyas pechinas pueden observarse la pintura de los Cuatro Apóstoles, obras del artista italiano Hugo Nardo.

La fachada principal, con torres esquineras, es cerrada por tres hermosas puertas talladas con siluetas de motivos urbanísticos y motivos alegóricos de las vidas de Jesús, Santiago Apóstol y a la batalla de Santiago del 30 de marzo de 1844, obras del escultor dominicano  Gaspar Mario Cruz.

Su atrio es una simbólica expresión de Jesús, los doce apóstoles y las cuatro virtudes teologales, obra del artista Bismark Victoria, también autor de la Capilla de los Inmortales y la Cripta de los Obispos.

Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio  tras  bendecir  la  remodelada Catedral dijo que   si éste era símbolo de cultura, ahora lo es mucho más ya que ella encierra en sí misma,  seis títulos que se  añaden a aquel primer título de Iglesia Mayor, que conservaba, como son  símbolo de Santiago junto al Monumento de los Héroes de la Restauración, corazón del Centro Histórico, monumento nacional, patrimonio cultural y destino clave del turismo en Santiago.

El arquitecto César Iván Feris Iglesias, director general  honorífico de la  obra,  dijo que quedan espacios  abiertos a posibilidades de nuevas obras para satisfacer las demandas de un mundo en continuo cambio.

Realización y acondicionamiento

El arquitecto Alejandro Carrasco tuvo a su cargo   el  levantamiento arquitectónico fotográfico y la producción de planos para la intervención de consolidación, restauración integral y adecuación del edificio para el desarrollo de las funciones en  tiempos actuales.

El estudio estructural del edificio y el planteamiento de las nuevas propuestas de consolidación estructural,  las hizo el ingeniero  Alfredo Ricart Nouel y su equipo de apoyo, sumándose  al equipo los especialistas en impermeabilización, climatización hidráulica, sonido y acústica, circuito cerrado de televisión, diseñadores de interiores para mobiliario, restauración de obras de arte, pavimentos y plazas exteriores, vitrales y arte sagrado, todos elegidos en esta ciudad.

El ingeniero Eduardo Estrella se encargó de  supervisar la obra.

El escultor Bismark Victoria  colaboró como escultor, al igual que   el arquitecto, pintor, instalador y vitralista José Rincón Mora  y el artista visual Dustin Muñoz, ambos  realizaron  el gran vitral sobre el tímpano de la entrada principal, dedicado a María Madre de Dios, y  los murales, en donde en tres de ellos, los temas tomados del Evangelio muestran al Apóstol Santiago el Mayor, Patrono de la Catedral y de la ciudad, en compañía del Señor con San Pedro y San Juan en el Monte Tabor, el Huerto de los Olivos y resucitando a la hija de Jairo, así como en el Bautismo de Cristo en el río Jordán. A estas obras se suman cuatro óvalos representando a los evangelistas  Mateo, Lucas, Marcos y Juan, sobre las pechinas que sostienen la cúpula que cubre el presbiterio.