La involución cívica

Federico  Henríquez Gratereaux

Hubo momentos en que la sociedad dominicana dio muestras de vitalidad en todos los órdenes. Poco después de la muerte de Trujillo se organizaron partidos políticos, sindicatos de trabajadores, entidades empresariales, gremios profesionales. También se crearon nuevas industrias y negocios comerciales. Los hombres de empresa empezaron a “presentarse” en TV; defendían sus puntos de vista económicos en la radio y en los periódicos. En aquellos días, los miembros clandestinos del antiguo Movimiento Catorce de Junio establecieron una agrupación que actuaba públicamente; con oficinas, himno, bandera, teléfono. Surgieron publicaciones de todas las tendencias, incluyendo la extrema izquierda; “Bandera Roja”, “Hablan los comunistas”, son dos ejemplos.

Al desaparecer una larga dictadura se produjo una suerte de “renacimiento” de la vida cívica. Algunas de las iniciativas de entonces “murieron en el camino”, como suele decirse; muchas de estas publicaciones resultaron efímeros experimentos. En la época de Trujillo no era fácil para la clase media llegar a tener una vivienda. No existía un verdadero sistema hipotecario. Las asociaciones de Ahorros y Préstamos y el Banco de la Vivienda fueron “novedades institucionales” que hicieron posible el financiamiento de casas para personas de “ingresos medios”. Se desarrollaron entonces: la banca en general, los supermercados a la manera norteamericana, las granjas avícolas, las fincas ganaderas, la producción de arroz.

Proliferaron las urbanizaciones; vimos crecer rápidamente las ciudades; se incrementó el éxodo de campesinos, que preferían vivir en la ciudad y abandonaron las ocupaciones agrícolas tradicionales. Junto con las libertades públicas y notables cambios económicos y sociales, llegaron inesperados problemas políticos, administrativos, urbanísticos, educativos, sanitarios, demográficos. Los nuevos líderes: Balaguer, Bosch, Peña Gómez, impusieron sus respectivos estilos; las nuevas generaciones crecieron bajo el influjo de sus normas oratorias, proselitistas, ideológicas. Pero actualmente ese magisterio parece haberse desvanecido.

El país ha seguido creciendo económicamente; mucho más que otros países de la región. Ahora tenemos mayor número de carreteras, presas, puentes, comunicaciones. Está en operaciones el Metro de Santo Domingo, así como numerosos pasos a otro nivel para el tránsito en la ciudad; pero no hay un “proyecto colectivo de vida común”; tampoco un grupo social que intente modificar el rumbo de las costumbres políticas vigentes. Mientras nuestra economía crece, la civilidad ha ido retrocediendo.