Proselitismo político

Federico-Henríquez-Gratereaux

Con motivo del desarrollo meteórico de la campaña política de Donald Trump, los diarios han publicado noticias, caricaturas, análisis sociológicos, “viñetas” de psicología social. Un lector del periódico “Hoy”, hace pocos días, comentó que él nunca había comprendido cómo Hitler alcanzó el poder en Alemania, ni cómo pudo organizar la persecución de los judíos en toda Europa; menos aún, que desatara una guerra mundial que condujo su país a una catástrofe militar y económica. Ese lector añadió: pero en los últimos tiempos he visto todo lo que ha sucedido en Venezuela con la hegemonía del chavismo. Finalmente, el ejemplo del ascenso de la popularidad de Trump, ha permitido al “lector comentarista” vislumbrar cómo ocurrió “lo de Hitler”.
En nuestro tiempo los partidos políticos son maquinarias de promoción y mercadeo, sin plataformas ideológicas que los distingan. Eso de izquierdas y derechas ha “caído en desuso”. Se conserva, a lo sumo, para rotular las butacas en el teatro; y para ciertos asuntos protocolares de las iglesias y cancillerías. En estos tiempos revueltos, es posible que ante la propaganda activa de los homosexuales, de la agenda LGBT, el “turismo gay”, los heterosexuales lleguen a avergonzarse de su heterosexualidad, una “preferencia sexual” de derechas, si la consideramos desde los viejos puntos de referencia.
La antigua clasificación -izquierda y derecha- se hacía a partir de posiciones ideológicas que han desaparecido de las tablas de valores contemporáneas. ¿Quién es revolucionario y quién es conservador, cuando las etiquetas mismas cambian de colores y signos? La confusión, que reina entre sociólogos y filósofos, es mayor entre las masas populares de muchísimos países, pobres y ricos, con educación o sin ella. Por eso puede haber “derechistas post-modernos”, que resulten atractivos y mercadeables políticamente.
Estos “derechistas post-modernos” estiman que las sociedades no requieren reformas radicales, que tuerzan brutalmente el curso de su historia; necesitan “remiendos” oportunos e inteligentes: en los sistemas impositivos, en el crédito para viviendas, en la organización escolar, en los estímulos de la economía. Estos “remiendos”, por lo general, son más eficaces que el “partido único” y la planificación centralizada. El día menos pensado las izquierdas antiguas dejarán de ser “internacionalistas”… en vista de la globalización capitalista. Podrían surgir, incluso, izquierdas antihaitianas.