Valores democráticos

Era preferible  el argumento conchoprimesco de que un candidato que está arriba en las encuestas no debate con el que está abajo,  que hace unos días también le escuché a un candidato de la “oposición”, pues si bien refleja el atraso de nuestra clase política al menos no insulta la inteligencia de los votantes, que no somos ni tan tontos ni tan pendejos como quisieran nuestros políticos. Eso es precisamente  lo que acaba de hacer el director de campaña del PLD, Rubén Jiménez Bichara, al afirmar que no existen condiciones para que el  candidato presidencial de ese partido,  el presidente Danilo Medina, participe en un debate electoral. Y explica su razón: la campaña de descrédito  y de mentiras que promueve la oposición, que impiden que el debate tenga la altura y la decencia a la que aspiran los peledeístas. La explicación   hizo recordar a muchos aquellos tiempos,  lejanos ya, en los que los discípulos del profesor Juan Bosch se vendieron como políticos de una raza diferente, consagrados a servir al pueblo desde su militancia partidaria. Tanto se esforzaron y empeñaron en diferenciarse de los demás que ellos mismos terminaron creyéndose su propio mito, a tal punto que un emblemático dirigente se atrevió  a proclamar, embriagado de arrogancia partidaria, que el país estaba dividido entre corruptos y peledeístas. Hoy sabemos, gracias a la forma en que se han comportado en el poder  los discípulos de Bosch, que decir peledeísta  y decir corrupto es prácticamente la misma cosa.  En cuanto al debate electoral  no puede esperarse que el director de campaña del PLD diga que la verdadera  razón por la que el presidente  Medina y los demás candidatos  se niegan a participar es su desprecio, cada vez mas notorio,  por los valores democráticos,  de lo que puede dar sobrado testimonio su propia militancia. Pero yo no tengo inconveniente en  decirlo, ni tampoco en desafiarlos a demostrar –con hechos, no con palabras–  lo contrario.