Una pionera olvidada por el ADN

Milagros compuso “Noche dominicana”, para Agustín Lara.

Fue más que la primera locutora graduada dominicana. Era escritora, maestra, poeta, pianista, guitarrista, cantante, administradora de empresa, productora de programas y compositora que trascendió el país.
Propietaria de una de las primeras emisoras de Santo Domingo, HI6Y, que transmitía en los mil 400 kilociclos en onda larga y seis mil 600 en onda corta, después de colocar el Himno Nacional y el pasodoble “El gato montés”, himno de la estación, ofrecía noticias, presentaba artistas, orquestas, humoristas, difundía musicales, realizaba entrevistas y producía espacios culturales al tiempo que hacía la voz de los comerciales.
Todo este quehacer cotidiano era responsabilidad de una joven y hermosa mujer de 26 años, premiada con insuperable dominio del lenguaje: Milagros de la Virgen Gómez Fernández.
Por tantos méritos y aportes, el Ayuntamiento del Distrito Nacional designó en 1995 una calle con su nombre, aprobada por la sala capitular gracias a la iniciativa del síndico Rafael Suberví, pero la resolución nunca se ha ejecutado.
Milagros fue una dominicana sobresaliente y singular. Creativa, emprendedora, visionaria, vio realizado sus sueños de escritora y artífice de la palabra siendo una niña que hacía de maestra de ceremonia en las veladas del “kindergarten” de las hermanas Amiama y en el colegio Santa Teresa de Jesús, de Conchita Blanco Weber, recitando y cantando los poemas y canciones que componía.
Más tarde perfeccionó estos dones naturales estudiando en el Instituto “Duployé”, que dirigía Juan Senior, y tomando clases especiales de gramática con el profesor Patín Maceo. Luego transmitió sus aprendizajes lingüísticos a través de la radio y en una escuela propia en la que además fue maestra de piano y de guitarra en su hogar del barrio San Miguel.
De esta olvidada y desconocida mujer conversa su hija Gloria Alfonsina, en cuya residencia está reflejada la admirada madre que saluda al visitante en foto gigante de su adolescencia. Conserva el piano que tocaba Milagros, los diplomas, trofeos y condecoraciones que le otorgaron y variedad de retratos de todas las épocas que vivió esta devota del Sagrado Corazón de Jesús, al que compuso el himno que lo entronizó.
También la recuerda con admiración Rubis Méndez Hernández, esposo de Alfonsina, rememorando pasajes de su vida, como su afán de corregir a cuantos usaban incorrectamente algún vocablo.
Muchas de sus canciones tuvieron intérpretes y algunas fueron grabadas, como el soneto “Milagro del rosal”, interpretado por Fausto Cepeda con la orquesta de Vinicio Antonio Jiménez y arreglos de Bienvenido Bustamante.
Los inicios. Milagros de la Virgen nació el 23 de octubre de 1910 en Santo Domingo, hija de Quiterio Gómez, español, y de Antonia Fernández. Trabajo breve tiempo en una tienda del Conde y luego casó con Alfonso Cuervo López, también español, dedicado al comercio, presidente-fundador de Cuervo & Compañía, con negocios en las calles Isabel la Católica y España. Era, además, radiotécnico.
En 1936 Cuervo decidió instalarle una emisora a Milagros en su residencia de la calle “José Reyes”, frente al parque San Miguel, y buscó al experto en radiotecnia Juan Salazar. El 19 de diciembre de 1936 se iniciaron las transmisiones con noticiarios, cápsulas culturales y musicales a cargo de Milagros.
Al poco tiempo se efectuó la inauguración con un elenco integrado por Neit Rivera, Alcibíades Sánchez, Ramón Batista, “la orquesta de Papatín”, Ramón el Ché Pérez, el sexteto de Andrés Cuevas, el grupo “Alma América”, compuesto por el trovador nicaragüense Ramón Castro, la cantante costarricense Fidelita Castro y el barítono Domingo Reynoso, recuerda Alfonsina, auxiliada en biografías y álbumes que prepararon sus hermanos mayores y que han quedado bajo su custodia.
“Papá acompañaba a mamá en la dirección pues era graduado en el Instituto Rosentkrantz, de México. Fue de los fundadores de la Casa de España”, refiere Alfonsina.
A pesar de haber incursionado temprano en transmitir frente al micrófono,fue en abril de 1938 cuando Milagros participó en los primeros exámenes para locutores, obteniendo una calificación de 100 puntos. La hija conserva el telegrama de “Saladín” dándole la noticia. HI6Y fue una de las más afamadas, aunque otras le precedieron. En ella debutó Rafael Tavárez (Paco Escribano).
Pero Milagros se agotó por tener que compartir tantas responsabilidades con hijos, esposo y hogar y a los cuatro años de establecida la emisora decidieron venderla.
En su retiro escribió más de mil poemas y alrededor de 300 canciones, así como obras de teatro entre las que destaca “Diálogo con mi amiga soledad”. También compuso canciones de cuna para sus hijos Manuel Antonio, Quiterio Alfonso, Carmen Nidia, Juan José y Gloria Alfonsina. Los cuatro primeros fallecieron.
“Uno de sus poemas que más recuerdo es “A la hora del ocaso”, que ella escribió cuando todos nos casamos y describía cómo se sentía en el momento en que nos retirábamos”, comenta Alfonsina.
Ansias de retorno, Juntos y a solas, Quisqueya soberana, Tu boca, Mi Alma espera, Amarga dulzura, No puedo, El pregón de los guandules, En la enramá (mangulina), El viejo pañuelo, Larimar, Holandesita (vals), están entre sus canciones. Compuso para Agustín Lara, “Noche dominicana”.
Milagros cantaba en su casa, en actos, encuentros casuales y en iglesias católicas. La acompañaba al piano el maestro Julio Alberto Hernández. Además de sus himnos a los padres, locutores, a la Ciudad Primada, dedicó poemas a Guillo Pérez y Cándido Bidó. Este le dedicó un catálogo en el que aparecen sus versos ilustrados con obras del maestro.
Milagros falleció víctima de un infarto el 10 de agosto de 1986.