Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, después de permanecer postradas en el anonimato desde sus orígenes, hoy las áreas protegidas emergen como célebres protagonistas de los intereses políticos, sociales y económicos en el seno de la Sociedad Dominicana, de cara a su desarrollo y porvenir; primero la Procuraduría General de la República celebra que el Estado dominicano recuperó la titularidad de Bahía de las Águilas (Parque Nacional Jaragua), luego el Tribunal Constitucional deja sin tutela legal el Parque Nacional Manuel Aurelio Tavares Justo y en ambos casos hay una alfombra subyacente de intereses económicos; ¿podría explicarnos lo uno y lo otro?

R. Sin dudas, las áreas protegidas son un gran acierto de cara al porvenir de la República Dominicana. Constituyen el primer activo de la nación y el mayor seguro para su supervivencia y, precisamente, no hay mejores ejemplos para ilustrar esta realidad, que los parques nacionales Jaragua y Manolo Tavares.
En el país ha sido norma en todos los gobiernos, la escogencia de espacios naturales marginales o con muy bajo potencial para el desarrollo de las actividades productivas primarias (agricultura y pecuaria), pero con gran potencial para conservar la esencia de la biodiversidad y los recursos naturales más valiosos de la geografía dominicana, para brindarle soporte y potencial para su desarrollo.
El Parque Nacional Jaragua y su colindante Parque Nacional Sierra de Bahoruco, ambos totalmente marginales para la pecuaria y la agricultura, poseen el mayor tesoro biológico de la isla La Española y como tal, reconocido por la UNESCO como su primera Reserva de Biosfera y “áreas protegidas clase mundial” por múltiples organismos especializados que velan por la conservación de la biodiversidad planetaria. Sin embargo, ambos espacios protegidos, los intereses económicos particulares han tratado por todos los medios, legales y non santos, para despojar al Estado y a la Sociedad, de tales pertenencias. La historia reciente es elocuente por sí misma, de la forma en que operan tales intereses.
Pero el caso más emblemático del juego de los intereses económicos y la ambición de grupos empresariales, políticos y sociales arrastrados, lo constituye el fenecido Parque Nacional Manolo Tavares, donde no existen potencialidades agrícolas marcadas y la ganadería es una espada de Damocles que pende sobre las fuentes acuíferas del noroeste.