Nuevos frentes en el enfrentamiento China – EEUU

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar; expresión del presidente Trump que ha circunferenciado varias veces la bolita del mundo, ido a la Luna, una y otra vez, pasando por su lado oscuro y buscando nuevos destinos espaciales al no encontrar terreno propicio ni para aterrizar ni alunizar. El creciente enrarecimiento y complicación de una relación que se ha convertido en confrontación explosiva de consecuencias planetarias es el resultado de no buscar una negociación seria que busque respuestas adecuadas a preocupaciones que pueden ser legítimasy pretender obstruir programas y caminos de desarrollo, igualmente legítimos, frente a una potencia que no se puede dejar humillar y tiene un sólido y variado arsenal económico para protegerse. Cada día me convenzo más de que Trump se ha rodeado de un equipo de asesores ultraradicales que lo han llevado por un sendero de espinas.
Las exigencias norteamericanas en las negociaciones con China pretenden ir más allá del diferendo comercial y apuntan a lograr cambios en temas internos de aquel país. El resultado ha sido un alud violento que obstruye, al parecer por largo rato, la carretera negociadora. EEUU anunció nuevos aranceles del 10% a productos chinospor un valor de 300 mil millones a partir del 1 de septiembre lo que el gobierno chino consideró como “una grave violación de la reunión entre los jefes de Estado de China y EE.UU.”.
Comoquiera que China compra menos productos en EEUU tiene menos espacio para responder de igual manera por lo que recurre a otras opciones como el anuncio de la suspensión de compras al agro estadounidense que constituyen buena parte de sus importaciones desde esa nación. Eso tiene un daño colateral: afecta a un sector que constituye una sólida base electoral para la reelección de Trump. A su vez, Beijing movió ligeramente a la baja su moneda, advertencia de que puede ser más profundo el movimiento, lo que significa que se fortalece el dólar y para Trump, contrario a todos los presidentes previos, no le gusta la idea porque el reforzamiento de la moneda hace menos competitiva la producción local y encarece las exportaciones lo que tampoco va en sintonía con sus aspiraciones reeleccionistas y ello mientras que en el horizonte se ennegrecen más las nubes de una posible tormenta recesiva. Fatal para cualquiera con pretensiones de seguir en el ejecutivo.
Ante la devaluación del yuan, Washington declaró a China “manipulador de divisas”, pero el Financial Times lo equiparó, a estas alturas, como pretender atacar a China con un “tigre sin dientes”. Trump reconoció ahora que “EEUU no está listo” para llegar a un acuerdo con China y nuevamente amenazó a Huawei por lo que no sería “raro” que China le recuerde otra vez su potencial en “tierras raras”. Lo cierto es que el tiempo corre en contra de Trump y la gran paciencia china es famosa y posee recursos para apoyarse en ella. No crea usted, amigo lector, que este tema le toca de lejos, su impacto se le aproxima aceleradamente.