1961: El Año de la Libertad Fin de los Trujillo: El pueblo, protagonista de la historia.

1961: El Año de la Libertad Fin de los Trujillo: El pueblo, protagonista de la historia.

PATRICIA SOLANO Y
JUAN MIGUEL PEREZ

La historia moderna de República Dominicana fue marcada por 31 años de un régimen tiránico que le hizo padecer al pueblo la conculcación de sus derechos económicos, políticos y sociales. Tres décadas de miseria, tortura, desapariciones, terror de Estado, y asesinatos, llenó a la nación de luto, miedo y frustración. Miles de familias sufrieron en carne propia la pérdida de la paz. Como bien expresaron los versos de Aída Cartagena Portalatín, a propósito de la erosión que padeció el espacio íntimo de los dominicanos durante la dictadura de Trujillo:


“La madre estaba perdida de su hijo.
La esposa estaba perdida de su esposo.
El hijo estaba perdido de sus padres.
El amigo estaba perdido de su amiga.
La Patria estaba perdida de sus héroes.”
Pero la determinación de un pueblo de ser libre fue mucho más fuerte que todos sus padecimientos. El ajusticiamiento de Trujillo el 30 de mayo no pudo terminar con la dictadura. Los hijos y aliados políticos del tirano pretendían continuar en el poder. Pero no contaban con la fuerza de un pueblo que en los meses sucesivos, se tiró a las calles, a manifestar, realizó movimientos huelgarios y fue poco a poco desmontando los símbolos de la dictadura.

¡Abajo las estatuas!

La exagerada megalomanía de Trujillo había sembrado el país de estatuas y bustos. Al conocerse la noticia de la salida definitiva de su familia, multitudes jubilosas salieron a arrancar con sus manos los letreros de calles, parques y avenidas que tenían sus nombres. Derribaron estatuas de bronce, algunas de enorme tamaño, que luego eran arrastradas por las calles. La multitud machacaba el rostro de Trujillo con mandarrias.

En el Congreso se derogaban a ritmo acelerado las leyes que designaban provincias y montañas con los nombres de los Trujillo. Santo Domingo recuperó su nombre. El pueblo respiraba, por fin, aires de libertad.

El júbilo era enorme.
El pueblo salió a las calles a celebrar. Los Trujillo no solo salían del poder, sino también del país. Era una victoria popular. El pueblo dominicano había vencido a sus verdugos.

Canción de la voz florecida

Yo sembraré mi voz en la carne del viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.

Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.

Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto:

maravilla sonámbula de un árbol
crecido de canciones, semilla estremecida
en la carne florecida del viento:
—mi voz.

Franklin Mieses Burgos (1907 – 1976)

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