Marilú de Rothe “Las acciones de generosidad salvan vidas”

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Sus ojos irradian paz, ternura y humanidad. A pesar de los años, María de Lourdes Baguer de Rothe, cariñosamente Marilú, no ha perdido su deseo de ayudar a otros de manera desinteresada, y en tiempos tan difíciles como los que vive hoy en día la humanidad, es cuando más exhorta a estar unidos y “conmoverse” por los más necesitado involucrándose a través del voluntariado.
Sus 90 años no son como los de antes. Y es que al verla se pensaría que tiene 70 o 75 años porque su cabello canoso, su maquillaje, vestimenta, aretes y collar de perlas hacen lucir muy elegante a esta mujer con voluntad de acero.
Doña Marilú, oriunda de Cuba, abrió las puertas de su apartamento, en el décimo piso de una torre de esta ciudad, para contarle a “Rostros” sobre su carrera en el mundo del voluntariado, labor que le ha hecho merecedora de múltiples reconocimientos, siendo el más reciente el de la Asociación Dominicana de Voluntariado Hospitalario y de Salud.
Motivación. ¿Qué significa ser voluntario o voluntaria? Para empezar, un voluntario es aquella persona que invierte su tiempo, dinero y esfuerzo en ayudar a los demás sin pretender ningún beneficio económico a cambio. Lo hace por razones éticas, ideológicas o espirituales.
“La voluntaria entrega su tiempo, sus conocimientos, su experiencia y su entusiasmo con el objetivo de cambiar, aunque sea por unos días, la situación cotidiana que viven otras personas. El ser voluntario significa ser diferente a los demás, porque ayudar te cambia la vida, te hace más humano, más sensible y más tolerante a todo y a todos”, explica Marilú.
Su vocación. Desde la comodidad del sillón donde está sentada, se percibe cómo se ilumina su mirada al recordar esa primera vez que sintió la necesidad de ayudar a alguien. Fue a través de su madre, quien ayudó a una joven en las calles de La Habana, Cuba, cuando entendió su vocación de servicio.
“Cuando yo era una niña vi a mi madre recoger a una persona de la calle con su hija desnutrida y llevarla al hospital, la ingresó y le dio, por años, seguimiento a esa madre y a su hija. Esa actuación me hizo crear consciencia de que las acciones de generosidad salvan vidas y ayudan a una mejor sociedad”, cuenta.
En 1953 empezó a colaborar de voluntaria en un dispensario para pobres del padre Spiralli, sacerdote jesuita, y allí tuvo una experiencia maravillosa con un joven médico dominicano que hacía consultas y sumó fuerzas a esa gran labor. “Aprendí mucho porque no es lo mismo aprender de un libro -y lo dice una ávida lectora- que de la vida real”.
Su vocación de servicio siguió con ella hasta la República Dominicana, adonde llegó en 1958 con su padre, Miguel Baguer Marty, a la sazón embajador de Cuba, y su madre Gertrudis Bosque Torralbas. Tan pronto pisó suelo dominicano conoció al alemán Hans Walter Rothe, con quien contrajo matrimonio y procreó dos hijos: Eugenio Miguel y Anneliese.
“En esa época me convertí en una dominicana de corazón y convicción. Inicié trabajos de voluntariado en el Instituto de Oncología Milagro de la Caridad, donde tuve el privilegio de ser parte del grupo liderado por una mujer excepcional, Rosa Emilia Sánchez de Tavares. Simultáneamente asistí a un retiro religioso que ofreció el fallecido sacerdote Láutico García, quien expresó su deseo de crear una obra con una visión estupenda de motivar, capacitar y brindar servicios sanitarios a una comunidad. Ahí surgió La Hora de Dios.
“De esa organización fui vicepresidenta y encargada del dispensario. Aquí compartí con mujeres de mucha valía, sin egocentrismo, generosas, que se convirtieron en agentes de cambio poniendo su granito de arena para mejorar las condiciones de muchas familias”, expresa.
Este proyecto aún continúa en el barrio Buenos Aires, de Herrera, como uno de los legados del padre Láutico García.
“En esos años me uní como fundadora al Voluntariado “Damas Amigas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, donde fui tesorera. Aquí se desarrolló un programa de becas estudiantiles para jóvenes de bajos recursos”, cuenta esta mujer a quien siempre le atrajeron la medicina, la música, los idiomas y las artes.
Ella dice que el arte y la música elevan el espíritu, unen a personas y derrumban barreras. Fue precisamente ese apetito por el arte lo que la llevó a la junta directiva del Voluntariado de Casas Reales con sede en la Casa de Bastidas. “Me sentí útil asistiendo al voluntariado a patrocinar y apoyar artistas plásticos dominicanos y a celebrar exposiciones que enriquecieron muchas colecciones privadas, además de apoyar a artistas ya consumados y otros jóvenes a lanzar sus carreras”.
Bazar Marilú. Con el objetivo y el deseo de darle un foro a muchas mujeres que hacían trabajos artesanales caseros, a doña Marilú se le ocurrió crear el “Bazar Marilú”, que por varios años se realizó en el Club Naco y fue un canal para exponer y vender sus trabajos y las ganancias recogidas se donaban a entidades benéficas. Durante los años 1985 – 1987 y 1988 – 1990 superaron la participación de más de cien artesanas.
“Tuve la gran satisfacción de ver cómo ese bazar fue un trampolín para el inicio de pequeños negocios, y algunos existen todavía, gracias a la superación y crecimiento propio de esas valiosas mujeres”, expresa con una sonrisa.
La Soberana Orden de Malta. En la década de 1990 se organiza la Asociación Dominicana de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta de la cual fue dama de gracia magistral desde 1994 y primera dama hospitalaria, fundadora y directora de la Clínica Materno Infantil de Herrera desde 2003 a 2013, Ella, con orgullo y humildad llevó a cabo la logística de la clínica y formó una red de voluntarias desarrollando unas relaciones con Ameri-Cares y otras organizaciones de ayuda humanitaria con el propósito de nutrir el almacén y la clínica en Herrera de medicamentos y productos de primeros auxilios.
“En ese entonces acompañé a mi esposo Hans, Q.E.P.D., Caballero de la orden de Malta y embajador de la misma en Haití, en numerosas misiones médicas y de asistencia social, recordando especialmente la catástrofe del año 2010, con el devastador terremoto ocurrido en territorio haitiano. El trabajo de la Orden de Malta, con sus programas de asistencia social, humanitaria y médica a miles de personas necesitadas, son la razón de ser de la organización y me he enriquecido enormemente en mi interior al colaborar con esta gran obra”, manifestó.
ADOVOHS. Junto a otras damas, ella forma parte de la Asociación Dominicana de Voluntariado y Salud (ADOVOHS), desde el año 2000 y es actual segunda vicepresidenta. Este voluntariado asiste a numerosos hospitales, dispensarios y obras que han mejorado nuestra comunidad de pacientes en los hospitales. También es voluntaria de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Santo Domingo, liderada por sor Trini Ayala.
Mensaje en este tiempo de crisis sanitaria. “Debemos afirmar que si hubiese más voluntarios, este mundo sería en muy poco tiempo un lugar mejor para vivir, con más empatía, porque ayudar a otras personas de nuestro entorno, o viajar y conocer otras culturas, nos hace olvidarnos de los prejuicios y diferencias culturales, nos veríamos los unos a los otros como lo que realmente somos : humanos y habitantes de un solo planeta”, concluye contundente doña Marilú.