25 DE MAYO 1961

25 DE MAYO 1961

Ahora que la desmemoria fabrica heroísmos como comida rápida. Ahora que difamar e injuriar es llave mágica para ganar “me gusta” y tener calidad de patriota. Ahora que algunos creen que la vigencia de los derechos fundamentales ha sido obra de magia o de un grupo de wasap. Ahora que los reclamos éticos tienen fecha de caducidad, proporcionales al interés coyuntural, apetece un recuento. Y procede en este mayo sin fiestas. Mayo con sus colores atrapados entre el temor y la incertidumbre que ocasionan la pandemia y el atrevimiento de una ciudadanía que se siente invulnerable.

El 25 de mayo del año 1961, el presidente John F Kennedy sorprendió al congreso de los EUA y a la población proclamando su decisión de conquistar la Luna. “Creo que esta nación debe comprometerse a alcanzar el objetivo, antes de que termine esta década, de aterrizar a un hombre en la Luna y devolverlo con seguridad a la Tierra. Ningún proyecto espacial único será más emocionante, o más impresionante para la humanidad, o más importante y ninguno será tan difícil o costoso de lograr.” El presidente había asumido el poder cinco meses antes y del discurso inaugural se repetía por doquier: “… pregúntense, no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país. Conciudadanos del mundo: pregúntense

no qué pueden hacer por ustedes Estados Unidos de América, sino qué podremos hacer juntos por la libertad del hombre.” El joven y carismático gobernante devolvía esperanzas a pueblos oprimidos y también la ilusión de cambios en la República Dominicana. Ese jueves de anuncio de la conquista espacial, en el país, agentes del Departamento de Estado -EUA- corregían un memorándum que expone el conflicto del gobierno de JFK con la asunción de la muerte de Trujillo y la asistencia a los integrantes del grupo de acción, que participaría el 30 de mayo en la emboscada. Se atribuye al demócrata decir: no debemos correr el riesgo de asociar a los Estados Unidos en un asesinato político. Ese 25 mayo, faltaban cinco días para el tiranicidio y el régimen estaba expuesto a presiones inéditas. El atentado contra Rómulo Betancourt -24 de junio de 1960- fue una provocación innecesaria a la comunidad internacional y un error que le costó caro al jefe. Después de la tentativa de asesinato contra el presidente de Venezuela, las sanciones impuestas por la OEA, afectaron de manera severa la economía nacional. Desde antes de la muerte de las Hermanas Mirabal y Rufino de La Cruz, las acciones ordenadas por “el jefe” tuvieron consecuencias negativas. Sus dioses protectores lo abandonaban. El pleito con la jerarquía católica, fiel y cómplice hasta la Pastoral de enero -1960-, las agresiones constantes en contra de Monseñor Reilly y Monseñor Panal, no compensaban los alardes democratizadores. Antes de mayo una ristra de señales

anunciaba la despedida: la indiferencia con el contenido de informes que detallaban la traición de sus pares, una visita inesperada al cementerio de su pueblo natal, comentarios y gestos inusuales.

Abbes García convenció al sátrapa de la conveniencia de acercarse a la URSS y a Fidel Castro, el empeño no fue exitoso. Tampoco resultó como esperaban la designación de legisladores jóvenes, para que difundieran y avalaran, en el Congreso, méritos del fidelismo y ratificaran las críticas al clero adverso. Bernardo Vega apunta en “Kennedy y los Trujillo” que la estrategia de Trujillo permitía lo que antes hubiera sido imposible: se podía ser trujillista y anticlerical, antiamericano y fidelista.

El año próximo se cumplirán 60 años del tiranicidio y de la secuela de sangre y luto, que extendió la venganza más allá del 19 de noviembre. La mayoría desconoce cómo fue la tiranía y qué ocurrió después del 1961. El silencio de algunos sobrevivientes y descendientes de las víctimas del horror, es inconcebible. Lucen más involucrados en pendencias mercuriales, que patrióticas. Les corresponde renunciar al reclamo de minucias para contar y recontar como fue vivir durante la tiranía.