90 mil perros realengos andan por las ciudades y campos del país
(En la capital hay 29 mil)

90 mil perros realengos andan por las ciudades y campos del país<BR>(En la capital hay 29 mil)

POR ARISMENDY CALDERÓN
Luís José de Jesús retornaba del trabajo, a prima noche, cuando fue sorprendido por una jauría de perros realengos que salieron de un callejón en el ensanche Ozama, donde en ocasiones anteriores había pasado un par de sustos.  Trató de evadir la agresión, pero uno de los fieros caninos clavó sus filosos colmillos en el “talón de Aquiles” derecho. El pánico de contraer rabia le congeló la sangre.

“Yo iba caminando por la calle Orfelismo, salen to` los perros de un callejón, jau, jau, jau, jau, jau, yo me echo pa’ un lado y que quedo parado.  El perro me mordió, me rompió el pantalón y se fue por el callejón con los otros perros”, explicó de Jesús.

El alboroto atrajo la atención de un guachimán que cuida un negocio cercano. Luis José le preguntó quién era el dueño de los perros, pero el vigilante dijo que esos animales son realengos, que no tienen dueño y que solían atacar a las personas que transitaban por la zona.

Desconcertado, Luis José se autoaplicó los primeros auxilios. Se limpió la sangre, se puso un poco de mentol y se lavó la herida con jabón de cuaba. La idea de que el  perro tuviera rabia lo mortificaba, porque Luis José estaba consciente de que esa enfermedad transmitida por los perros, murciélagos y  hurones, es incurable, y por consiguiente hay que medidas preventivas a tiempo.

Antes de trasladarse al Centro Antirrábico Nacional, donde atienden a personas mordidas por animales que transmiten la rabia, Luis José de Jesús fue a querellarse al destacamento policial del ensanche Ozama. Allí un sargento le explicó que debía esperar al ayudante del Fiscal, que se  había marchado y retornaba en la mañana. Un raso se le acercó discretamente y le comentó: “! Mátalos, mátalos a todos esos malditos perros. El perro que me muerde, perro que se muere!”.

Luis José le explicó a los agentes que si mataba los perros, probablemente apareciera el dueño y entonces iba a tener problemas. Decidió trasladarse a la Maternidad de Los Mina, donde el médico que lo atendió le recomendó que fuera al día siguiente al Centro Antirrábico Nacional, que es la institución especializada en tratar ese tipo de problemas. Empezó la odisea de Luis José. En el Centro Antirrábico lo vacunaron. Pero quedó pendiente el problema del perro. Alexandra Almánzar le sugirió que retornara al escenario del incidente, que localizara el dueño de los perros, con nombre, apellido, dirección y teléfono, y que luego ubicara al animal que lo mordió para hacerle análisis de laboratorio y determinar si tenia rabia.

Debía, además, vigilar si uno de los perros que lo atacó moría en los próximos diez días. Si el animal moría, entonces el perro tenía rabia. “Si eso ocurre, entonces tiene que traerlo aquí (el cadáver del perro) para hacerle análisis de laboratorio. Y usted tiene que ir  todos los días a buscar el animal…”.

La idea de hacer el rol de detective de animales molesto a Luis José. “Yo no puedo ir todos los días a vigilar a un perro a ver si se murió, yo trabajo. Yo vine hoy porque pedí un permiso en mi trabajo. Yo salgo de mi casa de Los Mina a las seis de la mañana y regreso de noche”.

“Es por tu vida. Tu vida es más importante, y son diez días de observación”, le explicó Alexandra Almánzar. Si en esos diez días el perro muere por enfermedad, por envenenamiento o por cualquier causa,  debes de traerlo aquí, al Centro Antirrábico Nacional.”.

El joven mordido abandonó el Centro Antirrábico angustiado. Además de localizar al perro que lo mordió, tenía que asistir a recibir el riguroso tratamiento que reciben  las personas que son mordidas por animales que transmiten la rabia.

La Rabia: Prevención y tratamiento

La prevención y el tratamiento de la rabia son  intensos. Si el animal que produce la mordedura (perro, murciélago, gato  o hurón) desaparece o muere durante los días de observación, o es sacrificado, se requiere de siete dosis de vacunas y tres refuerzos.

Si el animal observado es sacrificado o reportado positivo por el laboratorio, se requiere de 14 dosis y dos refuerzos. Se aplica el mismo tratamiento si la mordedura es ocasionada por murciélago o hurón.

Cuando la mordedura está situada en la cabeza, cara o cuello y heridas múltiples y profundas en las personas, se aplican siete dosis y tres refuerzos. Ese tratamiento también se aplica cuando hay contacto directo con la saliva del animal rabioso, como ocurre con la lamedura.

En el Centro Antirrábico Nacional son atendidas gratuitamente las personas mordidas por cualquier animal que transmite que la rabia. Esa institución también aplica programas a nivel nacional de vacunas gratis a los perros viralatas.

La rabia es mortal. Se recomienda a las personas evitar  acercarse a los animales que la transmiten. En caso de mordeduras o arañazos, se sugiere lavar la herida con jabón y acudir inmediatamente al medico.

90,000 perros realengos

 Entre 20 y 30 personas son mordidas diariamente por perros callejeros, perros sin dueño, viralatas o perros realengos.  Según estadísticas del Centro Antirrábico Nacional, en el país hay alrededor de 90,000 de estos animales que deambulan en ciudades y campos.

Unos 29,000 perros realengos estan concentrados en la ciudad de Santo Domingo, es decir, el 33 por ciento de la población total existente en el país. El resto esta diseminado por todo el país.

Alrededor del 65 por ciento de las mordeduras de perros ocurren en el hogar y un 35 por ciento se produce en las vías públicas. Uno de los problemas que confrontan las personas afectadas es que al no tener dueño o domicilio el perro callejero, se le torna difícil a la victima capturarlo y llevarlo a un laboratorio para determinar si tiene rabia.

Se estima que hay un perro realengo por cada diez habitantes. La cantidad de perros se determina en función de la  población humana, es decir, mientras más gente, más caninos.

Estos animales son aparentemente inofensivos. Pero en ocasiones se muestran desafiantes y agresivos. Por esa razón muerden tantas personas, especialmente si son molestados o maltratados. Defienden su hábitat con fiereza y decisión, aunque mueran en el intento.

Además de la rabia, los perros callejeros tienen pulgas, sarna, parásitos, hepatitis y otras enfermedades que transmiten a los humanos. También ocasionan problemas de higiene, pues hacen sus necesidades en cualquier espacio público.

Muchas personas suelen maltratar estos animales sin ninguna justificación. En las vías públicas son arrollados por automóviles en marcha y sus cuerpos y vísceras quedan permanecen durante semanas en calles y avenidas, hasta que el paso implacable del tiempo convierte sus restos en alfombras para neumáticos.

 Aseo urbano y falta de perreras municipales

Los ayuntamientos del país carecen de espacios para albergar perros realengos. Las perreras municipales pasaron a ser parte de los espacios que se extinguieron, y que ningún síndico recuerda. Con excepción del Ayuntamiento del Distrito Nacional,  ningún cabildo tiene un departamento especializado para recoger cadáveres de perros callejeros atropellados por automóviles o muertos por otras causas violentas.

El Ayuntamiento del Distrito Nacional tiene un medico veterinario responsable de control sanitario de la Dirección de Gestión Ambiental y Aseo Urbano. Disponen de un camión y varios empleados debidamente uniformados que cada día se desplazan a recoger los cadáveres de perros realengos en calles y avenidas del Distrito Nacional. El resto de los ayuntamientos de las restantes provincias de Santo  Domingo carecen de este servicio municipal.

“Nosotros recogemos los cadáveres de los perros realengos y de otros animales que son  atropellados en calles y avenidas, o cuyos cadáveres son abandonados por personas desaprensivas”, explico el medico veterinario Eugenio Pena, encargado de Aseo Urbano del cabildo capitalino.

El trabajo se realiza con la colaboración del Cuerpo de Bomberos, el Patronato Amigos de los Animales (PADELA) y la Sociedad Dominicana para la Prevención de la Crueldad a los Animales (SODOPREC)., dos instituciones dedicadas a la protección de los perros realengos, gatos, caballos, burros y de otros animales.

El numero de cadáveres de perros callejeros varia diariamente. Un lunes de recogen diez, doce o quince y los restantes días de la semana el numero baja a ocho, siete o seis. La  gente en ocasiones llama a las autoridades municipales del Distrito Nacional, pero por falta de información los restos del animal permanecen varios días en la vía pública, con las vísceras expuestas y putrefactas,  provocando hedor y malestar.

“Los cadáveres, ya sea de perros, gatos, cualquier tipo de animales, hasta caballos, lo que hacemos es levantar el cadáver y llevarlos directamente al vertedero de Duquesa, porque no tenemos incinerador”, comento Eugenio Pena.  La carencia de incineradores es un mal de todos los ayuntamientos, sin excepción. En la ciudad de Santo Domingo los cadáveres de los perros realengos van directamente al vertedero de Duquesa, envueltos en bolsas plásticas, como basura común y corriente. No se le aplica ningún tratamiento especial, ni llegan en vehículos exclusivos.

 Sencillamente, cuando los cadáveres descompuestos de  perros realengos llegan al vertedero de Duquesa en camiones compactadores, allí son tratados como desperdicios sólidos y sepultados bajo toneladas de tierra entre las 95,000 toneladas de basura al mes (unas 3,500 por día) que recibe y maneja el Consorcio Duquesa, administrado por el brasileño Max Mendonca.

“Nosotros no llevamos los cadáveres de perros realengos a un área distinta del vertedero, sino que inmediatamente lo enterramos en menos de 24 horas. Aquí, basura que llega hoy, basura que es enterrada hoy. Así que el procedimiento con los perros muertos es de la misma forma”, subrayo Mendonca.

Según el joven brasileño, al vertedero de Duquesa llegan alrededor de 50 cadáveres de perros realengos por día. La mayoría son atropellados por automóviles en las vías públicas. “La cobertura de la basura es que evita  la creación de vectores como moscas y de pájaros, como las garzas. Pero tenemos esta cobertura hecha”. Mendonca favoreció que los cabildos de la ciudad de Santo Domingo se pongan de acuerdo para recoger animales muertos para sepultarlos en un área específica del vertedero.

Muchos perros realengos hambrientos que se desplazan al vertedero de Duquesa atraídos por desperdicios mezclados en la basura son envenenados y sepultados allí mismo. Es el triste final para estos vagabundos. Igual suerte corren miles de garzas que son exterminadas con veneno para evitar que vuelen en horas diurnas en los alrededores del Aeropuerto Internacional La Isabela. La muerte de estas aves cuenta con la anuencia de la secretaria de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales. 

90,000 perros realengos

Entre 20 y 30 personas son mordidas diariamente por perros callejeros, perros sin dueño, viralatas o perros realengos.  Según estadísticas del Centro Antirrábico Nacional, en el país hay alrededor de 90,000 de estos animales que deambulan en ciudades y campos.

Unos 29,000 perros realengos estan concentrados en la ciudad de Santo Domingo, es decir, el 33 por ciento de la población total existente en el país. El resto esta diseminado por todo el país.

Alrededor del 65 por ciento de las mordeduras de perros ocurren en el hogar y un 35 por ciento se produce en las vías públicas. Uno de los problemas que confrontan las personas afectadas es que al no tener dueño o domicilio el perro callejero, se le torna difícil a la victima capturarlo y llevarlo a un laboratorio para determinar si tiene rabia.

Se estima que hay un perro realengo por cada diez habitantes. La cantidad de perros se determina en función de la  población humana, es decir, mientras más gente, más caninos.

Estos animales son aparentemente inofensivos. Pero en ocasiones se muestran desafiantes y agresivos. Por esa razón muerden tantas personas, especialmente si son molestados o maltratados. Defienden su hábitat con fiereza y decisión, aunque mueran en el intento.

Además de la rabia, los perros callejeros tienen pulgas, sarna, parásitos, hepatitis y otras enfermedades que transmiten a los humanos. También ocasionan problemas de higiene, pues hacen sus necesidades en cualquier espacio público.

Muchas personas suelen maltratar estos animales sin ninguna justificación. En las vías públicas son arrollados por automóviles en marcha y sus cuerpos y vísceras quedan permanecen durante semanas en calles y avenidas, hasta que el paso implacable del tiempo convierte sus restos en alfombras para neumáticos.

 Aseo urbano y falta de perreras municipales

Los ayuntamientos del país carecen de espacios para albergar perros realengos. Las perreras municipales pasaron a ser parte de los espacios que se extinguieron, y que ningún síndico recuerda. Con excepción del Ayuntamiento del Distrito Nacional,  ningún cabildo tiene un departamento especializado para recoger cadáveres de perros callejeros atropellados por automóviles o muertos por otras causas violentas.

El Ayuntamiento del Distrito Nacional tiene un medico veterinario responsable de control sanitario de la Dirección de Gestión Ambiental y Aseo Urbano. Disponen de un camión y varios empleados debidamente uniformados que cada día se desplazan a recoger los cadáveres de perros realengos en calles y avenidas del Distrito Nacional. El resto de los ayuntamientos de las restantes provincias de Santo  Domingo carecen de este servicio municipal.

“Nosotros recogemos los cadáveres de los perros realengos y de otros animales que son  atropellados en calles y avenidas, o cuyos cadáveres son abandonados por personas desaprensivas”, explico el medico veterinario Eugenio Pena, encargado de Aseo Urbano del cabildo capitalino.

El trabajo se realiza con la colaboración del Cuerpo de Bomberos, el Patronato Amigos de los Animales (PADELA) y la Sociedad Dominicana para la Prevención de la Crueldad a los Animales (SODOPREC)., dos instituciones dedicadas a la protección de los perros realengos, gatos, caballos, burros y de otros animales.

El numero de cadáveres de perros callejeros varia diariamente. Un lunes de recogen diez, doce o quince y los restantes días de la semana el numero baja a ocho, siete o seis. La  gente en ocasiones llama a las autoridades municipales del Distrito Nacional, pero por falta de información los restos del animal permanecen varios días en la vía pública, con las vísceras expuestas y putrefactas,  provocando hedor y malestar.

“Los cadáveres, ya sea de perros, gatos, cualquier tipo de animales, hasta caballos, lo que hacemos es levantar el cadáver y llevarlos directamente al vertedero de Duquesa, porque no tenemos incinerador”, comento Eugenio Pena.  La carencia de incineradores es un mal de todos los ayuntamientos, sin excepción. En la ciudad de Santo Domingo los cadáveres de los perros realengos van directamente al vertedero de Duquesa, envueltos en bolsas plásticas, como basura común y corriente. No se le aplica ningún tratamiento especial, ni llegan en vehículos exclusivos.

 Sencillamente, cuando los cadáveres descompuestos de  perros realengos llegan al vertedero de Duquesa en camiones compactadores, allí son tratados como desperdicios sólidos y sepultados bajo toneladas de tierra entre las 95,000 toneladas de basura al mes (unas 3,500 por día) que recibe y maneja el Consorcio Duquesa, administrado por el brasileño Max Mendonca.

“Nosotros no llevamos los cadáveres de perros realengos a un área distinta del vertedero, sino que inmediatamente lo enterramos en menos de 24 horas. Aquí, basura que llega hoy, basura que es enterrada hoy. Así que el procedimiento con los perros muertos es de la misma forma”, subrayo Mendonca.

Según el joven brasileño, al vertedero de Duquesa llegan alrededor de 50 cadáveres de perros realengos por día. La mayoría son atropellados por automóviles en las vías públicas. “La cobertura de la basura es que evita  la creación de vectores como moscas y de pájaros, como las garzas. Pero tenemos esta cobertura hecha”. Mendonca favoreció que los cabildos de la ciudad de Santo Domingo se pongan de acuerdo para recoger animales muertos para sepultarlos en un área específica del vertedero.

Muchos perros realengos hambrientos que se desplazan al vertedero de Duquesa atraídos por desperdicios mezclados en la basura son envenenados y sepultados allí mismo. Es el triste final para estos vagabundos. Igual suerte corren miles de garzas que son exterminadas con veneno para evitar que vuelen en horas diurnas en los alrededores del Aeropuerto Internacional La Isabela. La muerte de estas aves cuenta con la anuencia de la secretaria de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales. 

Normativas

La Ley General de Salud  42-01 reglamenta la tenencia de animales utilizados como mascotas. En su articulo 76 precisa que “en las zonas urbanas y suburbanas solo se permitirá la tenencia de animales domésticos cuando en el local o lugar donde se mantengan reúnan todas las condiciones de saneamiento ambiental necesarias, y cuando las mismas no constituyan peligro para la salud e integridad de las personas”.

Es un aspecto de la ley que nadie cumple. Las autoridades de Salud Publica tampoco se ocupan de hacerla cumplir. En viviendas y condóminos muchos  ciudadanos mantienen animales encerrados, en condiciones higiénicas deplorables.

El articulo 77 de la referida ley especifica que  “a fin de evitar epidemias es obligatoria la vacunación contra la rabia y otras enfermedades transmisibles por animales, de acuerdo a lo que al respecto establece la Sespas, a fin de evitar epidemias”.

La ley 42-01 no hace referencia a los perros realengos. Sin embargo, la resolución número 137-2005, aprobada por el Ayuntamiento del Distrito Nacional en el año 2005 trata de regular el manejo de animales callejeros, específicamente de gatos y perros. Esta normativa solo se aplica en el territorio definido por la ley 163-01 que crea la provincia de Santo Domingo y establece sus límites territoriales.

Uno de los objetivos de la referida resolución  es “establecer los procedimientos para el manejo de los animales realengos, especialmente perros y gatos, que contribuyan al saneamiento ambiental y urbano, y que mejore la calidad de vida de las y los munícipes del Distrito Nacional”.

Otro aspecto de la medida es desarrollar un proceso de concientización y educación de los munícipes sobre la protección de los animales realengos y correcto manejo para prevenir y evitar enfermedades transmisibles por estos a los seres humanos del Distrito Nacional”.

Otras disposiciones que tratan vagamente aspectos relacionados con animales realengos son la ley 5622 de Autonomía Municipal y la ley número3456 sobre Organización del Distrito Nacional que en su artículo 27-45 alude a la necesidad de reglamentar el transito de animales dentro de los límites urbanos, el registro de perros y todo cuanto se refiera a las medidas de prevención que con respecto a los animales establecen las leyes sanitarias”.

Perros callejeros: Peligro Latente

La circulación por las vías públicas de perros realengos es un peligro latente por las mordidas que ocasionan a las personas, con el agravante de que transmiten la rabia, y por los numerosos accidentes que provocan a automovilistas. Los cadáveres arrollados constituyen un serio problema en la bulliciosa y congestionada ciudad de  Santo Domingo.

El médico veterinario Eugenio Peña está consciente de la situación: “Esos cadáveres en la vía pública  representan varios peligros. Primero, accidentes. Puede morir cualquiera si chocan, puede morir. También  la descomposición del cadáver, ese olor que desprenden le hace daño al medio ambiente, puede transmitir cualquier enfermedad viral al ser humano, y eso hay que evitarlo”.

Los perros realengos se desplazan a cualquier hora del día o la noche, en cualquier sector de la ciudad. Orinan y defecan,  creando problemas de higiene urbano y malestar a la ciudadanía. También transmiten enfermedades a los humanos.

El doctor  refirió que el perro es el principal transmisor de la rabia en la Republica Dominicana y en los países latinoamericanos.

“La mordida del perro tiene dos peligros: el peligro de un posible tétano y el peligro de una posible rabia. La rabia es incurable. Una vez  manifestado los síntomas, las personas mueren. Pero si se previene, se previene con vacunas que son elaboradas en nuestro país, con vacunas de muy buena calidad”, subrayó el doctor Rosario.

Curiosamente, la última persona que murió de rabia fue por la mordedura de un murciélago, en la provincia Sánchez Ramírez. El hecho ocurrió cuando ya el país había sido declarado “libre de rabia”, en el período 1998-2001. Sin embargo, en el 2002-2004, según los registros del Centro Antirrábico Nacional,  murieron cuatro personas afectadas por esa enfermedad.

El funcionario se opone a que los perros realengos sean envenenados. Esa vieja práctica ha sido eliminada. Actualmente el Centro Antirrábico Nacional aplica programas de vacunación gratis a nivel nacional a la población de perros callejeros. La última vacunación alcanzó unos 400,000 caninos.

Favoreció que los ayuntamientos del país, específicamente los de la ciudad de Santo Domingo, elaboren normativas, dicten resoluciones y dispongan de los recursos necesarios para controlar la gran cantidad de perros realengos en las vías públicas.

“Con una buena cobertura epidemiológica, con una población canina de esa magnitud, de 400,000 perros realengos, nosotros dentro de diez años podríamos decir que los casos de rabia canina van a ser mínimos”, puntualizó el doctor Rosario.