Estoy estrenando un nuevo cargo; esta vez un cargo público: Vice-ministro de Patrimonio Cultural. En ejercicio de esas nuevas funciones he tenido que visitar la zona colonial de Santo Domingo. Allí pude comprobar cómo han cambiado de aspecto algunas calles, muchas de ellas bien conocidas por mí desde que era niño. Unas han cambiado “para mejorar”; otras están en proceso de reconstrucción; hay también casas en malas condiciones estructurales. He sacado en limpio de mis primeros días que la ciudad vieja es una “zona de confluencia” de intereses y atribuciones, donde concurren dos ayuntamientos, la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, (OISOE), el Ministerio de Cultura y varios patronatos y fundaciones.

Cada una de estas instituciones tiene méritos, facultades, antecedentes, que les acreditan para intervenir en trabajos de “remozamiento”, operación o mantenimiento, en la ciudad colonial. El Ministerio de Turismo es un organismo gubernamental con sobrados motivos para defender “los atractivos” que ofrece la ciudad Primada de América a los extranjeros que visitan la RD. Una parte importantísima de los monumentos coloniales son iglesias; se han conservado milagrosamente a través de cinco siglos. Resistieron terremotos, huracanes, invasiones francesas, inglesas, haitianas; los sacerdotes las cuidaron lo mejor que pudieron, pues durante mucho tiempo vivieron en casas adosadas a los muros de los templos.

La Iglesia dominicana ha preservado numerosos tesoros arqueológicos de la incuria o del pillaje; algunos relacionados directamente con liturgias tradicionales de la Semana Mayor; y objetos rituales del culto religioso católico. Existen también empresas privadas que aportan recursos para la conservación de edificaciones del siglo XVI, que financian la pintura de fachadas de casas importantes, situadas en lugares muy concurridos. No hay dudas de que todos estos grupos han ayudado, están ayudando, o quieren ayudar, en la preservación de nuestro Patrimonio Cultural.

Algunas veces las “competencias” se sobreponen, entrecruzan o contrarrestan. El Ministerio de Cultura no tiene el dinero que sobra en el de Turismo o el de Obras Publicas; en cambio, en estos dos últimos faltan los especialistas apropiados para “bregar con edificios tan viejos”: arqueólogos, arquitectos conservadores y expertos en las técnicas de construcción de la España del siglo XVI. Bueno fuera encontrar el “camino magnifico” de la coordinación.