A buscar un corte definitivo

¡Por múltiples vías la nación está diciendo que ya basta! Que entre los fracasos del Estado está el deterioro del orden que hace sentir a los ciudadanos alarmantemente desprotegidos contra la delincuencia. La incidencia de actos contra la vida y propiedades llevan incertidumbre a la colectividad. Trastornan su discurrir. El caso de Franchesca Lugo rebosó la copa, aun con los supuestos autores ya detenidos por una acción de las autoridades facilitada por la torpeza de uno de los asaltantes, y a pesar de que el Gobierno mostró hondo pesar por los hechos. Tras esta nueva participación de agentes policiales en el cruento auge de la delincuencia, tiene que sentirse que las autoridades nacionales actuarán directamente sobre las fallas de base que frustran la lucha contra el crimen.

El Estado tiene que reconocer que los recursos que destina a disuadir y perseguir el crimen siguen siendo exiguos, a pesar de lo positivo del 9-1-1 y de las cámaras callejeras, siendo esa insuficiencia un factor clave para que la Policía esté corta de personal, de profesionalidad y de medios materiales para su misión, con remuneraciones bajas que en vez de alentar la eficiencia estimulan la vulnerabilidad. Tampoco podrá la Justicia responder a los desafíos de estos tiempos si el poco presupuesto le impide habilitar tribunales ya creados y propiciar como debe la formación, actualización y supervisión de la judicatura, con mayores exigencias académicas y éticas.

Una deuda  con nosotros mismos

Voces de la sociedad pregonan que en el país no funciona un régimen de consecuencias para ciertos delitos y en encuestas se expresa que la corrupción crece mientras los fallos judiciales para castigarla son escasos. Vale admitir que la impunidad echó raíces temprano. La barbarie de Trujillo, con miles de asesinatos y desapariciones que quedaron sin castigo, es prueba de ello.

Hemos sido un país sin memoria ni escarmientos, mientras todavía hay cacerías de nazis; y en Chile y Argentina y otros países del hemisferio siguen buscando y castigando a personeros del despotismo del siglo pasado, el mismo siglo de Trujillo. El Museo Memorial de la Resistencia (al menos eso) movilizó a cientos de personas el sábado para rescatar del olvido a tantas víctimas de una criminalidad que es deuda con la historia. Vale gritar esta frustración.