A Fabio Herrera: Los próceres víctimas de la patología

Don Fabio, le confieso mi admiración por sus escritos de historia y política; en cada uno expresa su inconformidad con el proyecto de nación, la debilidad institucional, la corrupción y la impunidad que desde siempre se ha practicado en la sociedad dominicana. Hace apenas una semana bajo el título “Próceres en su laberinto personales” hace constancia del “ardiente epistolario entre Duarte y Espaillat en abril 1864”. Le confieso que no soy historiador, mi profesión es la psiquiatría clínica; pero, me gusta la historia y estudiar la personalidad de los actores que más incidieron, así como su conducta, mentalidad, personalidad, comportamiento psicosocial, la familia y las circunstancias socio-económicas, socio-culturales y políticas que influyen en la construcción del carácter, los rasgos y su perfil psicosocial. Como usted muy bien apunta “El fino enfrentamiento entre Espaillat y Duarte” dos próceres que le habían servido a su país; ambos de mentalidad progresista y libertadora, de conducta intachable y dotados de condición ética y moral en su vida pública y privada.

Recuerde, Don Fabio, cómo Duarte fue víctima de Bobadilla, Pedro Santana, Manuel Jiménez y Báez. Donde el ideólogo de las divisiones, chismes, conflictos y confrontaciones de carácter ideológico, colonialista, conservador, que más daño le hizo a Duarte fue Tomas Bobadilla. Pero, el propio Espaillat fue víctima de la patología de los grupos. O sea, la maledicencia que encierra al personalismo, el individualismo, el egocentrismo, el resentimiento, la envidia, el chisme y el odio como instrumento de las actitudes emocionales negativas que se utiliza en la dinámica de los grupos para aprender a dividir, confrontar, comprar o desaparecer a los contrarios; mantener en rayas a uno, controlar a otros y comprar incondicionales a través de la cultura del “repartir y dar” del “dejar hacer y dejar pasar” de forma particular y grupal, que son formas de mantener la dinámica conocida: pauta de regulación o autocontrol. Espaillat le comunicó a Duarte el 14 de abril 1864 la decisión del gobierno restaurador que ha sido nombrado como embajador en Venezuela para que parta de inmediato; teniendo Duarte apenas semanas de su regreso de Venezuela después de 20 años de exilio, de destierro, de acoso, de perversidad y de insolidaridad. Es cierto que a Espaillat le tocó comunicar a Duarte su regreso a Venezuela en condiciones que el patricio no quería, y así se lo expresó al propio Espaillat como usted lo expresa Don Fabio: “si he vuelto a mi patria después de tantos años de ausencia ha sido para servirla con altura, vida y corazón, siendo siempre el motivo de amor entre todos los verdaderos dominicanos y jamás piedra de escándalo, ni manzana de discordia”, refiere Duarte. Recuerde que el presidente era José Antonio Salcedo, a quien Duarte se había dirigido con otra misiva y con el informe del chisme del Diario la Marina, dice “como en las circunstancias que atravesamos se presenta el inconveniente cuando menos se piensa, si a suceder llegare que mi partida se tarde o deje de efectuarse, me será lo más grato el hallarme a su lado, y me pondré en marcha tan pronto como se me proporcionen los medios para ello” nunca tuvo respuesta del presidente Salcedo, pero también tuvo el silencio de Luperón, Polanco, Monción, etc.

Pienso, Don Fabio, que Espaillat fue la persona elegida para informar la decisión del grupo que gobernaba y del presidente Salcedo. Esa postura de los liberales no es rara, siempre que llegan y gobiernan piensan y actúan como conservadores, como parte de la oligarquía y como parte del pensamiento colonial o del capital.

La patología dominicana, como le llamo, no permitió llegar a Duarte, ni a Espaillat, ni a Hostos, ni a Ureña, ni a Bonó; ni pudo mantenerse Bosch, ni Antonio Guzmán, ni se le permitió llegar a Peña Gómez.
El comportamiento social dominicano en términos políticos, desde el inicio de la república, explica que existe una tendencia disonante que, cuando más disfuncional o mayor desajuste en la personalidad o en valores morales tiene el político, más llega o más se mantiene. Duarte no tenía patología ni perversidad para entenderse con los grupos, ni hacer lo incorrecto para llegar o mantenerse.