A Maritza Amalia in memoriam

CARMEN HEREDIA DE GUERRERO
Si me preguntasen cuál era el rasgo más sobresaliente de Maritza Amalia Guerrero Ibarra, sin duda diríamos que su inteligencia, y esa inteligencia que todas percibimos desde niñas, nos hizo admirarla, respetarla y quererla de manera especial. Con cuánta nostalgia recordamos hoy los tiempos felices de nuestra infancia y adolescencia, el tiempo inigualable del compartir ingenuo, el de nuestros encuentros cada tarde con Maritza Amalia en el parquecito Duarte, espacio lúcido tan nuestro, prolongación de nuestros hogares.

Qué inolvidables aquellas veladas artísticas en su casa, la casa de las Ibarra, como era conocida, en la que alternábamos nuestros cánticos infantiles, los poemas y la danza con los pequeños ensayos de teatro cuyos textos ella nos proporcionaba, adquiriendo nuestras representaciones mayor dimensión.

Amante de los estudios, era Maritza Amalia una apasionada de la lectura a la que nos convocó al regalarnos en nuestro décimo cumpleaños el libro Corazón, de Edmundo de Amicis. Como nos fascinaba oír los relatos de los libros que ella apuraba con deleite, y participar junto a ella de las aventuras de Tom Sawyer y las visitas a La Cabaña del Tío Tom.

Maritza Amalia ganó todas las medallas y reconocimientos que otorgaba el Colegio Santa Teresita, y luego, como alumna de nuestro Inolvidable Instituto de Señoritas Salomé Ureña, obtuvo el más alto promedio de su promoción, invistiéndose a los quince años de Bachiller en Ciencias Físicas y  Matemáticas. Definida su verdadera vocación, ingresa a la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, graduándose con honores en 1964, luego realiza un post grado en Economía en la Universidad de California, que concluye en 1967.

Su eterna búsqueda de conocimientos la lleva más adelante, a realizar estudios especializados en el Instituto del Fondo Monetario Internacional en Washington; en 1973 y en 1975 participa en la Organización de Estados Americanos, en cursos sobre Mercados de Capitales. Otros los realiza en New York, Japón y Suiza. Representó el país en múltiples cónclaves internacionales, obteniendo logros para la nación y reconocimientos personales. Su excelente preparación la llevó a ocupar importantes cargos en el área económica en el Banco Central, donde laboró por treinta años y luego se desempeñó con la misma eficiencia como embajadora adscrita de la Cancillería, hasta su partida.

Su apretada agenda entre estudios y trabajo no impidió sin embargo que desarrollara una intensa vida interior. De gran espiritualidad y profunda convicción religiosa, era Maritza Amalia una mujer de principios morales y valores cristianos que fueron norte en su vida, valores y principios que le fueron inculcados en su hogar plural, el que compartía con su madre, hermano, abuela, tío, tía y tres primas, hermanos en afecto.

Esta formación humana, que moldeó su espíritu y la suma de conocimientos que potenció su intelecto, producen en Maritza Amalia la necesidad de compartir sus saberes, surge entonces la maestra, la catedrática que transciende a través de sus enseñanzas y estudiantes. Solidaria con su clase, funda junto a otros compañeros, el Colegio Dominicano de Economistas. El ente social sensible, comprometido, que había en ella, la lleva a la población de varias obras sobre economía que son indudablemente su legado imperecedero.

Cuando cayó víctima de terrible enfermedad, con el mismo estoicismo que transitó en la vida asumió la desgracia que terminó con su vida material. La despedida a Maritza Amalia fue sobrecogedora; todos querían darle un último adiós.

La patria le rindió los honores postreros merecidos. El país lamenta la pérdida de una gran mujer, ejemplo de honestidad y laboriosidad; su familia ha perdido un ser muy querido, nosotros hemos perdido una amiga.

Donde quiera que tu alma haya detenido su vuelo, descansa en paz, Maritza Amalia.