A Negro Veras, de Negro Veras

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Jueves, 4 de julio, día previsto para la presentación del libro del Dr. Ramón Antonio Veras.  Santiago, Gran teatro del Cibao:  7:00 p.m.

Cientos de amigos, relacionados y familiares del Dr. Veras asistieron masivamente a un encuentro que habría de ser verdaderamente inolvidable.

Se trataba de un libro autobiográfico “Parte de mi vida: para mis hijos, nietas y nietas” que, al decir de su autor, ha sido una auto-obligación: dar a conocer a su familia más próxima cómo devino en el abogado exitoso y hombre respetado de la sociedad dominicana.

Pero, además, debían conocer sus desvelos y sentimientos más íntimos que hoy les permiten una vida holgada sin grandes sacrificios.

Y con sus propias palabras destaca, de manera dramática –en esa noche memorable- a una madre de 5 hijos, la suya: valiente, organizada, orgullosa, trabajadora, luchadora, responsable de la formación de sus hijos, como tantas mujeres dominicanas.

Pobre, muy pobre.  Sólo tiene sus brazos para darle de comer a sus cinco pequeños hijos.  Plancha, lava, ordena hogares, amamanta a los suyos y genera recursos amamantando a los de otras, limpia y tiene como ayuda a su hijo mayor:  Negro.  “A ver, a levantarse ya, son las 3:00 (de la mañana) y hay que buscar en La sanidad las dos botellas de leche que nos servirán de sustento durante todo el día” .

Más de una vez, no hubo alimento alguno para todos.  Allí la madre se crecía en dignidad:  “Cierren las puertas, que nadie se entere que en esta casa no hay comida para subsistir”.

 Los niños deben ir a la escuela, pero el primogénito habrá de combinar los estudios con el trabajo: caribero, cuidador de niños, mensajero y tantos oficios tan menores como dignos.

 Simultáneamente a su lado ronda la muerte, el asesinato, el atropello y se vincula a los Panfleteros de Santiago.

 Muerto el sátrapa, continúa sus estudios de derecho.

 ¿Estaba feliz?  No, no podía sentirse feliz.

 En los años posteriores cientos de jóvenes perdieron la vida o fueron encarcelados.

Había que cambiar las cosas. Ya abogado, combina el oficio con la defensa de los perseguidos.  Cada día recibe una madre adolorida que no sabe el paradero de su hijo, o a otra, cuyo hijo no tiene quién le defienda.  Y siempre estará Negro, militantemente dispuesto. Por décadas.

 Estudio y trabajo; compromiso social y honradez irreductible.  Esa ha sido la vida de Negro Veras, ejemplo de vida para las futuras generaciones.