A pesar del caos, los choferes no pueden triunfar

Marien Aristy Capitan

Era una mañana radiante y hermosa. El cielo, fulgurante, decía que el martes iba a ser un gran día. Entonces llegaron ellos. De la nada, cual duendes, colocaron un manto sobre la ciudad y todo se tornó gris… en lugar de risas vinieron los presagios, las dudas y, al final, la indignación: el caos, que se había servido sobre Santo Domingo, había sido provocado.

Cuando lo escuchamos en la 91 no lo podíamos creer. Los choferes del concho, como cualquier dueño de la calle, bloquearon la 27 de Febrero para reclamar que se les permita circular por túneles y elevados, a pesar de que está prohibido.

Tras saber la razón, leer y escuchar diversos argumentos, me quedé con varias inquietudes. Para comenzar, hay reparar en que Santo Domingo está tan mal planificada que por una sola calle colapsó toda la ciudad por más de dos horas. También que tenemos tan poca autoridad que un grupo de choferes puede darse el lujo de provocar un desastre de tan grandes dimensiones mientras pestañamos.

No sé a ustedes pero a mí me preocupa saber que, aunque somos mayoría, estamos a merced de los intereses y deseos de la supremacía de los zares del sector del transporte público (que, por demás, dan pésimo servicio).

Lo peor del caso, sin embargo, es que lo que se reclama es violar una disposición. Quien maneja sabe cómo entran y salen de túneles y elevados los choferes del concho: llevándose a quien no se quita de su camino. Así, a lo bestia, ellos quieren imponerse. No debemos permitirlo. No importa cuántas veces nos jodan y lleguemos tarde… ¡el orden tiene que imponerse siempre!