A planificar la recuperación

El Gobierno tiene que prepararse para elaborar un amplio plan de contingencia enfocado hacia la reactivación de la vida económica de las provincias afectadas por los torrenciales aguaceros registrados en el país. Además del gran daño debido a la destrucción de diversos bienes y la pérdida de pertenencias, las inundaciones han arrasado siembras y ganado, y han dejado inservibles al menos 50 puentes y grandes extensiones de infraestructura vial en zonas productivas.
Hay que alistarse para llevar a las zonas afectadas toda la asistencia técnica y económica necesaria para restaurar la comunicación terrestre, acomodar a las familias que han perdido viviendas y otras propiedades y reactivar la producción. Paralelamente, hay que tomar las previsiones sanitarias pertinentes para evitar brotes de enfermedades que puedan complicar más el panorama en las comunidades abatidas, que deben ser abastecidas de agua potable en cantidades suficientes.
Los daños a la producción dejan sentir sus efectos inmediatos en las zonas de cultivo y crianza, pero no tarda mucho para que las consecuencias se sientan en las cadenas de abastecimiento y en los precios de artículos originarios del campo. La asistencia a las comunidades bajo calamidad tiene que ser abundante y oportuna para mitigar los alcances de la devastación.

La vida  vale cada vez menos en RD

Tan menospreciada está la vida en este país, que el mismo camionero que el 9 de julio de este año causó la muerte de 18 personas en un choque en la carretera Sánchez-Samaná, fue el que el jueves pasado invadió con su patana la ciclovía de la avenida Winston Churchill. Este conductor de camiones anda por ahí de lo más campante, cometiendo excesos en un vehículo pesado, a pesar de que todavía tiene pendiente responder ante la justicia por las muertes provocadas hace unos meses.
Quienes trabajan en la nueva ley de tránsito deben incluir previsiones para casos como estos. Y a juzgar por el menosprecio que se tiene aquí por la vida de las personas, es casi seguro que este conductor podrá seguir por ahí llevándose el mundo con su camión. ¡Sálvese quién pueda! que en este país no hay régimen de consecuencias.