A PLENO PULMÓN

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 Hay personas que no se conforman con que la calle de su casa esté llena de basura.  Intentan enseguida movilizar a los vecinos para limpiarla; telefonean a las autoridades municipales, envían cartas al periódico local, compran algún recipiente grande para que sea zafacón común.  Esos individuos que pretenden “modificar el entorno” son calificados como “gente muy bregona”.  A veces organizan juntas de vecinos para defenderse de los “delincuentes nocturnos”.  Yo deseo vivamente que surjan por todas partes “dominicanos bregones” dispuestos a luchar por un país mejor.  Los “bregones” avergonzarán a los “echados a muerto”, a quienes les da lo mismo lo sucio que lo limpio.

 En nuestro país los delincuentes viven a su antojo; entran y salen de las cárceles con extrema facilidad.  Algo de lo que ya se ha quejado hasta el propio Presidente de la República.  También sufrimos un déficit en la producción de energía eléctrica de más de un millón de megavatios.  El problema del desempleo en la RD es otro angustiante asunto, más grave que nuestras deficiencias en la educación.  Un país sin seguridad ciudadana, sin suficiente energía, sin empleos ni educación, es un carro con las cuatro gomas pinchadas.  Ahora se añade el tema de la seguridad social, que podría padecer un sacudimiento financiero.

 Es claro que no hay vehículo que pueda avanzar con las gomas desinfladas. A menos que aparezcan dominicanos “bregones” con gatos hidráulicos apropiados para reparar las llantas del carro colectivo.  La herramienta principal para este tipo de trabajo es el “entusiasmo bregón”.  Y esa forma del entusiasmo es una “enfermedad contagiosa” de larga duración: la transmiten los “líderes bregones”.  Me encantaría que los líderes comunitarios, los líderes sindicales, académicos y políticos, fuesen “líderes bregones”.  Que no se acomodaran a “dejar las cosas como están”.

 Para llegar a ser un “líder bregón” es obligatorio luchar contra una larga tradición de pesimismo político y de infravaloración social de todo lo dominicano. Los dominicanos son capaces de brillar en numerosos campos profesionales en el exterior; las muchas estrellas dominicanas en las grandes ligas de béisbol deberían servirnos de estimulo hacia la autoconfianza. Sueño con que, algún día, un líder político dominicano logre insuflar en la población “la mística bregona”.