A pleno pulmón

 El animal penetrante

Los poetas no suelen ser “prácticos y eficientes” en el campo de los negocios.  Por cada poeta rico podemos citar diez poetas pobres.  Los que heredan dinero de sus progenitores o parientes no tardan en perderlo.  Hay, desde luego, excepciones.  Sé de un poeta judío que “toreaba” con gran habilidad las agresiones de los antisemitas, regenteaba con éxito un almacén de “materiales de construcción” y escribía bellísimos poemas y ensayos iluminadores.  No podemos decir que era una personalidad “bipolar”, pues eso no sería justo ni exacto desde el punto de vista de los psiquiatras.  Pero era un hombre anímicamente ambivalente.

 Por lo menos era un sujeto de mirada doble, de luces blancas directas y de poderosos faroles antineblina.  Hombres así corren el riesgo de que se les tuerzan los músculos de los ojos y queden bizcos para siempre. Ese continuo esfuerzo bifocal puede llevarlos a la muerte prematura.  El poeta es, básicamente, un “animal penetrante”.  Se habla de “la vista del águila”, de la capacidad de las termitas para horadar las paredes más compactas.  El ojo del poeta está hecho para descubrir, bajo la piel de los objetos, verdades permanentes de la vida humana.  Un verso logrado es una cápsula de intuición profunda.

 La belleza expresiva de un poema es una virtud externa que todos aprecian de inmediato; la musicalidad del ritmo silábico y el poder evocador de las imágenes, saltan a la vista, como dicen los vendedores de obras de arte pictóricas.  Lo que no salta a la vista de manera inmediata es el “latigazo de comprensión total” que contiene el poema.  El gran poema nos muestra una visión sintética de la naturaleza y los hombres,  de sus gozos y dolores sobre la tierra; un compendio lógico de la percepción sensorial, expresado mediante acumulación de metáforas.

 El poeta penetra en las realidades humanas y las condensa verbalmente; transmite lo que ve en “bloques conceptuales” que portan, simultáneamente, verdad y belleza. Un poeta sin telescopio, sin ningún instrumento de observación o de medición, es capaz de “sondear” la realidad y hacer su disección.  Luego jerarquiza estos elementos en un orden general que no es el del científico, el del político, el del hombre de negocios.