A PLENO PULMÓN

Fracastorio es el nombre de un cráter de la Luna; pero podría ser una denominación apropiada para nuestro ruinoso sistema eléctrico.  Hace tres días circuló la noticia de que desde el año 2004 la Comisión Nacional de Energía ha recibido 70 solicitudes para la instalación de empresas de energía eléctrica. De energía renovable, más de 50; otras, plantas convencionales de energía térmica.  Muchas tienen carácter de inversiones permanentes; algunas fueron concebidas como generadoras “provisionales”.  Se dijo que juntas representaban 2,900 megavatios y una inversión de unos 4,000 millones de dólares.

Estas cifras conciernen solamente a “lo que puede hacerse” en lo futuro.  Nada tienen que ver con “lo que hay” actualmente.  Las presas construidas sobre nuestros ríos son “modificaciones ecológicas” sufragadas con fondos públicos en el curso de muchísimos años.  Las centrales hidroeléctricas levantadas para aprovechar las presas deberían ser conservadas, completadas, perfeccionadas, “reacondicionadas”.  Sobre la propiedad de dichas presas y turbinas no existe problema alguno.  Pertenecen todas al Estado dominicano.  Ni España, ni los Estados Unidos, podrían objetar que la energía barata, producida con aguas, sirviera para  “balancear” el costo general de la electricidad en la RD.

El barril sin fondo de los subsidios a la electricidad se parece al cráter lunar llamado Fracastorio.  Pero el fracaso del sistema eléctrico es más grande y visible que la Luna.  En el mismo periodo en que se recibieron las ofertas mencionadas en este escrito, el subsidio fue aumentando hasta triplicarse.  Como ya se ha visto y comprobado, cada vez que sube la tarifa, también se incrementa el subsidio.  Este año el subsidio será de 700 millones de dólares.  Pronto tendremos un “Bono – luz” que acompañará al “Bono – gas”.

El fracaso, pues, ha sido tanto público como privado, administrativo y estructural.  No es necesario decir que el sistema eléctrico dominicano constituye, al mismo tiempo, un fracaso económico y político.  A pesar de los muchos “simposios”, discursos, estudios, declaraciones técnicas, créditos internacionales, “reformas”, reglamentos, seguimos anclados al pasado.  Los industriales dominicanos no pueden competir en el mercado internacional a causa de sus altos costos e ineficiencia.  Se colige que el monto del subsidio dependerá, además, del precio del petróleo y del ánimo y buena fortuna del Presidente Chávez.