A PLENO PULMóN. Federico Henríquez Gratereaux

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El orador solitario

Nuestra época es un tiempo “descalabrado e incomprensible”, afirmó el hombre al entrar en la tienda; -usted nunca sabe “por dónde van a salir las cosas”. Todo puede ocurrir en “esta fiesta de enfermos mentales” en que vivimos hoy. –¿Qué le pasa al señor? pregunté a la cajera. –Es un vecino que da vueltas a la manzana para hacer ejercicio; se detiene aquí y en la otra tienda de la esquina. Siempre habla de “lo que está pasando en el mundo”… en lo que “coge fuerza” para seguir andando. -¿No trabaja ya ese sujeto? –Un hijo lo mantiene en un apartamento de aquel edificio; pero no lo visita nunca.
–Busco una corbata de rayas negras y blancas que sea apropiada para funerales. –Vaya directamente a la sección donde está aquel muchacho largo y flaco; ahí encontrará toda clase de corbatas. El hombre se apartó de la caja y se dirigió al fondo del salón. –¿Cómo se llama ese tipo? –El dueño de la tienda le dice “el orador solitario”. –¿Está bien de la cabeza? –Sí, claro que es cuerdo; cada vez que habla “pega un hit”, pero nadie se atreve a decir nada. El miedo hace que se traguen la lengua; lo escuchan pero no le contestan.
Vi al hombre pagar en la caja del lado opuesto de donde yo estaba. Me miró la cara y se acercó. –Tienen razón los que viven ahora “a la buena de Dios”, sin hacer ningún esfuerzo; los jóvenes prefieren apostar en las bancas que ir a trabajar todos los días en una oficina. Son expertos en ganar dinero sin trabajar: en bolsas de valores, en agencias de bienes raíces, con políticos en campaña. Para ellos la familia es un engorro.
–Los jóvenes se las arreglan “sin mujeres fijas”, sin obligaciones permanentes. Quieren ser libres de cualquier clase de deberes. Han aprendido a desconfiar de la policía. Para ellos la ley es un trapo sucio; algo hecho para ser violado todos los días. –¿Ve esas torres? las han construido delincuentes afortunados, para invertir su dinero en bienes tangibles antes que las monedas sean devaluadas. Tienen buenas relaciones con políticos y sicarios. –Saludé a la cajera y salí del establecimiento. (2012).