A PLENO PULMÓN
Abortos, drogas, pacas

Los abortos, las drogas, las pacas, son tres cosas prohibidas, vilipendiadas, e incluso castigadas por las leyes en varios países.  A pesar de ello, médicos y comadronas siguen practicando abortos, los adictos a las drogas continúan consumiéndolas, los narcotraficantes vendiéndolas o produciéndolas. A las pacas de ropa usada se las tiene por fuentes de transmisión de enfermedades infecciosas.  Está prohibida su “importación” desde 1983.  Desde entonces… están entrando pacas a la RD todas las semanas.  Antes de la prohibición los cargamentos de pacas llegaban cada dos semanas.

Una cosa es un “decreto moral condenatorio” y otra muy distinta es el “control social efectivo”.  Rechazar algo por ser dañino, peligroso, inmoral, insalubre, es una actitud correcta, justificada, con sentido lógico, humano, sentimental.  Este punto de vista es válido para todas las madres, y, en general, para maestros, sacerdotes, periodistas.  Los hombres de Estado, en cambio, han de tener en cuenta que ciertas “lacras de la humanidad” es imposible erradicarlas completamente.  A lo sumo se las mantiene a raya para que no desborden ciertos límites.  Y sólo se consigue después de grandes y penosos esfuerzos.

Las pacas – el menor de estos tres problemas –  llegan a Haití en calidad de donaciones a “un país que sufre extrema pobreza”.  Se convierten en mercancías para trueque o conversión de moneda, en la República Dominicana.  De las pacas puede decirse que contienen dentro “monedas” de valor intrínseco, en varias “denominaciones”.  Entre el “gourde” y la tarjeta de crédito entran a operar las pacas, magnificadas por la miseria, el desempleo, la ignorancia. Pocos dominicanos saben que el 80% del presupuesto gubernamental  haitiano se financia con “donaciones extranjeras”.

En la práctica las pacas haitianas “compran” pollos y huevos dominicanos; sin ellas el comercio de frutos menores se detendría.  Los comerciantes dominicanos “quieren pacas”. Los sacerdotes de la región fronteriza las apoyan por “razones de necesidad”.  Parte del intercambio comercial RD – Haití depende de que los pobres dominicanos puedan revender ropa usada; y de que otros pobres  – dominicanos también –, puedan adquirirla, con el consiguiente riesgo de infecciones, para ellos y para el resto de la población que tiene ropa nueva, limpia, desinfectada,  “a la moda”.  ¿Cómo escoger con acierto el  camino a seguir?