A PLENO PULMÓN
Cazabe y negritud

Las “discusiones históricas” son un “vicio nacional”; la “cuestión de Santana” sigue en pie: anexión a España, fusilamiento de María Trinidad Sánchez, artículo 210, ingreso de sus restos al Panteón Nacional.  A veces, estas discusiones llegan “a los garrotazos”. Ocurre lo mismo con la Independencia Efímera, proclamada por Núñez de Cáceres; se dice que, al no abolir la esclavitud, provocó la ocupación haitiana setenta días después.  Algunos hacen duras críticas a la famosa  Acta Constitutiva, el documento jurídico fundacional.

Felizmente, también hay quien nos recuerde que el “proceso de intelección de la idea nacional” dominicana estuvo incubando desde 1820 hasta 1870; o sea, desde la Independencia Efímera de 1821 hasta poco después del triunfo restaurador de 1865.  Esa es la opinión de Pedro Henríquez Ureña.  El sentimiento nacional no surge repentinamente; comienza por unir a los habitantes de una región; lentamente, los grupos humanos descubren los elementos comunes que aglutinan la convivencia: componentes raciales, creencias religiosas, intereses económicos, particularidades lingüísticas, culinarias, artísticas.  Los dominicanos son una comunidad desde fines del siglo XVIII.

En esa época aparece el gentilicio “dominicano”; en coplas populares, en la “novena para implorar la protección de María Santísima por medio de su imagen de Altagracia”.  La célebre novena fue “dispuesta por un aficionado a los habitadores de la isla…”.  Pero es preciso recorrer un largo camino para dejar de ser “habitador” y convertirse en ciudadano, con “derechos políticos”.  La Virgen de la Altagracia constituye un ingrediente de la identidad dominicana; precede a la aparición de la “conciencia nacional” en plenitud política y social.  Núñez de Cáceres, trinitarios, restauradores, son  pasos posteriores que van ampliando el proceso de interiorización de “la idea nacional”.

 Este producto histórico nuevo que llamamos “dominicanos” es una simbiosis de “dos razas extranjeras” –negros y blancos- que llegaron a esta isla en el siglo XVI.  Los tainos, desde luego, fueron primeros habitantes; no primeros dominicanos.  Aunque logremos cuantificar la porción de sangre taina en la población actual, eso no suprime nuestras realidades culturales y raciales.  Hace años mantenemos una agria polémica entre “negristas y blanquistas” que todo lo discuten… en lengua española.  Hispanistas y africanistas “organizan” riñas; podría brotar una nueva discusión histórica inútil: “cazabe vs. negritud”.