A PLENO PULMÓN
Entre rock y rap

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-¿Cuáles son las “marcas externas” que definen la vida social de nuestros días?  Esta pregunta fue lanzada de sopetón, en un supermercado, por un señor que declaró haber cumplido setenta y cinco años. -¡Mire usted esa ropa! Hombres y mujeres visten como si no fueran a salir del patio de sus casas.  Chanclos de goma, zapatos en forma de patín, proto-sandalias elementales, como las que llevan los beduinos del Norte de África.  Hoy se usan pantalones provistos de grandes bolsillos expandibles, con flecos de legionario; estos pantalones son demasiado largos para ser cortos y demasiado cortos para ser largos.  El “ruedo” queda muy por debajo de la rodilla y muy por encima del tobillo.

-No importa la edad, el sexo, el “peso del sujeto”, la endeblez o fortaleza de las piernas, todo el mundo visita el supermercado con indumentaria parecida.  Las clases trabajadoras usan las mismas prendas de vestir que las clases rectoras.  Camisetas desteñidas y sin mangas, con leyendas procaces o ridículas, compiten con franelas de deporte y anuncios comerciales  en serigrafía.

-Las notas características son: información condensada, comida rápida y sexo relámpago, transporte colectivo y vida solitaria, sopas de lata, pescado en conserva, pornografía digital.  El hombre dió media vuelta, empujó su carrito para acercarse a la cajera y se despidió.  Durante un buen rato quedé observando a la gente “entrar al súper”.  En el estacionamiento de automóviles, un portero bailaba solo; tenía en las manos un aparato de radio.  Al acercarme pude oír claramente la bachata que alegraba al portero.  Una señora madura, que descendió de un hermoso BMW metida en un estrecho “blue-jean” con perforaciones e hilachas, inició unos pasos de baile siguiendo la música del portero.

Al salir del estacionamiento y entregar la tarjeta-control, pregunté al portero ¿Qué música es esa? –Es música religiosa, señor. -¿Religiosa? –Si, es el “Rap del Espíritu Santo”.  La letra decía, aproximadamente: “Espíritu Santo/ dámelo pronto,/ dámelo ahora/ que voy brisiao/ oyeye, óyeme/ que toy abajo/ y voy pa’tra”.   Lo que miramos se integra con lo que oímos.  Según parece, existe un “rock” religioso que, entre ciertos grupos sociales, ha sustituido a la vieja música gregoriana.  Auditivamente, oscilamos entre el rock y el rap.