A PLENO PULMÓN
Escritores perpetuos

Se ha dicho mucho que la vida intelectual de hoy padece una  profunda crisis; que la educación y el trabajo ordinarios no estimulan la creatividad intelectual en nuestro tiempo.  La rutina y las máquinas, las aglomeraciones de las ciudades, conspiran contra los observadores rigurosos.  Los contempladores son empujados a entrar en el vagón del tren antes de que cierre la puerta automática.  Si tienen un descuido les pueden robar la cartera.  Todo ha de ser rápido.  -¡Dígalo  en pocas palabras! -¡No hay tiempo para escuchar discursos! Estas consignas nos llevan al mini-mensaje, el micro-relato, al comprimido intelectual.  Los “espacios” televisivos se cotizan por minutos.

 Los escritores ya no pueden escribir largos artículos en las páginas de opinión de los diarios. ¿Cuánto cuesta imprimir una página a colores? Deportes, economía, espectáculos, son secciones de los periódicos con muchos lectores y anunciantes.  Tal vez logren “costear la sobrevivencia” frente a las “amenazas digitales”.  Las nuevas tecnologías de comunicación son sumamente eficaces para la economía, la política, los entretenimientos audio-visuales. Las modelos que aparecen en los periódicos no mueven las caderas como lo hacen las de Internet”.  Los políticos desalojados del poder actúan a través de “Twitter o “Facebook”.  Para la poesía y la literatura quedan los reductos del “blog”, la página-web.

 Los escritores han escrito sobre tablas de arcilla o de madera, han grabado palabras  encima de bloques de piedra, en papiros y pellejos de cuadrúpedos.  Los monjes medievales copiaban a mano textos  antiguos en papeles de todas clases.  El invento de Gutenberg permitió que el libro viajara por el mundo entero.  Los escritores escriben “de las catorce mil maneras”; se las ingenian para seguir escribiendo con cualquier método: con plumas de ganso, estilográficas, bolígrafos, máquinas de escribir, “laptops”.

 Es posible que en lo futuro algunos escritores establezcan “logias” para leer secretamente textos rechazados, considerados “perniciosos” por “las redes sociales”. Hace años un escritor norteamericano propuso regresar al cine mudo, a una pantalla con leyendas, para que la literatura pudiera ser disfrutada en “grupos reunidos”, no en grupos dispersos.  La vida intelectual continuará; igual que en los tiempos de Salomón, en Jonia o en Atenas, durante el Renacimiento o el romanticismo; pero con nuevos medios de transmisión.