A PLENO PULMON
Estatuas de cemento

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En la avenida 27 de Febrero esquina Leopoldo Navarro hay una estatua de cemento de un personaje que parece estar esperando un autobús.  La pude observar mientras se descongestionaba el tránsito de vehículos.  La cara de la escultura, su actitud y vestimenta, me parecieron las de un desempleado. Pensé que podría tratarse de un “homenaje al hombre común”.  Después me explicaron que ya no es práctico fundir estatuas en bronce.  La “estatuaria gubernamental” ha abandonado por completo los “anticuados” materiales nobles.  El uso del bronce evoca pasadas épocas aristocráticas.

Hoy en día las estatuas de los lugares públicos deben ser construidas de cemento o de goma.  No por ninguna razón estética, o por utilizar  substancias y “elementos artísticos modernos”.  Nada de eso; es que las estatuas metálicas son robadas inmediatamente; y los ladrones, no dejan rastros. Las piezas son fundidas o embarcadas sin que se entere ninguna autoridad, portuaria ni policial.

Por ese motivo se confeccionaron de material plástico las estatuas que rodean el monumento a los Héroes de la Restauración, en Santiago. La gente, no acostumbrada a estas materias extrañas, casi deleznables, llamó al conjunto de esas figuras, “los monigotes”.  Entre las personalidades homenajeadas en la “precariedad de los polímeros” – no eternizados por el bronce – figuran el poeta Manuel del Cabral, el músico Julio Alberto Hernández, el folclorista Tomás Morel, la educadora Ercilia Pepín.  El autor de “Compadre Mon” aparece, sentado en el banco de una plaza, leyendo el periódico La Información. Las páginas del prestigioso diario local les fueron arrebatadas de las manos recientemente.  El plástico no pudo resistir el embate de la falta de respeto. Manuel del Cabral ha dejado de leer el periódico emblemático del Cibao.

Lo mismo ocurre con los pasamanos metálicos, rejas de hierro, tapas de cloacas.  Nada se salva de la demanda mundial de chatarra de hierro, de bronce, de aluminio, latón.  El mundo reclama metales; los ladrones desean abastecer el mercado. Hace unos días las tapas del alcantarillado, y de las cloacas centrales, fueron robadas, en la calle Leopoldo Navarro, frente al Palacio de la Policía Nacional.  Estudiantes deslenguados dicen que, al parecer, los policías de hoy están hechos de goma, como “los monigotes” de Santiago.