A pleno pulmón
Exaltación del mangú

A los grandes países no podemos ganarles en las guerras, los negocios o las ciencias; pero podemos, algunas veces, ganarles en ciertos deportes.  Triunfar sobre el equipo de béisbol de los Estados Unidos de América llenó de orgullo a todos los dominicanos. Cuando yo era un niño empezaron a entrar en las Grandes Ligas del béisbol norteamericano los jugadores negros; Jackie Robinson y Roy Campanella fueron pioneros  que rompieron  los prejuicios  y la discriminación contra “la gente de color”.  Antes que los negros norteamericanos, entraron a las Grandes Ligas hispanoamericanos blancos, como el cubano Adolfo Luque.

 Mi padre decía que se habían cometido imperdonables injusticias con Satchel Paige y Tetelo Vargas porque eran jugadores negros; más tarde ocurrió lo mismo con el inolvidable Alonzo Perry, pelotero estrella de los Tigres del Licey.  Desde aquella época hasta  acá ha corrido  mucha agua  bajo los puentes  de las costumbres y los negocios de espectáculos.  Muchos dominicanos se han distinguido en el béisbol norteamericano; tantos son, que han contribuido a curar nuestros tradicionales “sentimientos de inferioridad”.  Rojas Alou, Juan Marichal, Sammy Sosa, Pedro Martínez, pueden servir de ejemplos señeros.  El orgullo nacional se cultiva a través de próceres civiles y militares, escritores y poetas; también mediante deportistas o cantantes excepcionales.

 Algunos viejos de mi generación  recuerdan todavía el día maravilloso en que el “pitcher” dominicano Popón López lanzó 18 “strikes” consecutivos en una serie mundial de béisbol amateur.  Quizás Tomás Troncoso o Cuqui Córdova puedan precisar el año en que ocurrió aquel prodigio.  Yo di un brinco de alegría tan alto que choqué con el dintel de una puerta; y caí al piso, redondo, con un sacudimiento cerebral del cual tardé horas en reponerme.

 Ahora estamos asistiendo a una verdadera exaltación del plátano; esta vez en las redes sociales del mundo digital.  Pero hace muchos años, en Cuba, el gran pelotero Loro Escalante declaró mientras se remangaba enseñando el bíceps: “ustedes ven este mollero duro; se debe al plátano que como todos los días, esa es la fuerza de los dominicanos”.  El mangú o puré de plátanos,  se “acompaña” con jamón, queso, huevos, sardinas.  Hay dominicanos extravagantes que comen mangú con queso azul y calamares en su tinta.