A PLENO PULMÓN
Funcionarios públicos

Con motivo de los recientes nombramientos del nuevo gobierno de Danilo Medina, el tema del comportamiento de los funcionarios se ha puesto de moda. Mucha gente se queja de que un hombre normal, inteligente y capaz, al cabo de dos años de su “encumbramiento” político suele ser presa de engreimientos muy difíciles de medir.  Ha ocurrido así en todos los gobiernos cuyo ciclo de ascenso y caída hemos podido presenciar.  Un joven del interior del país participa  en su pueblo en la campaña política de un candidato, monta en una patana con altavoces, pronuncia dos discursos y es nombrado jefe de tal o cual negociado.

Ese joven visita un sastre, compra tres trajes y algunas corbatas y empieza a mirarse en los espejos de la peluquería donde, por primera vez en su vida, una manicurista coqueta le ha arreglado las uñas. –Lo felicito, don Epaminondas, espero que dure cuatro años en el cargo; lo queremos como cliente VIP de este negocio. ¿Le pongo un barniz neutral y con poco brillo? –Claro, eso es lo que deseo.  –Don Pami, déjeme ayudarle a ajustarse la corbata.  Afuera lo esperaban el chofer y el guardaespaldas.  El nuevo jefe departamental  irguió el cuello para mirar a su alrededor, antes de montar en su lujosa yipeta “del año”.

Sometido durante seis meses a la acción continua del incienso burocrático, don Epaminondas fue inflando el pecho; alteró su manera de caminar; alzaba los brazos “como si tuviese un golondrino en cada axila”; se movía con estilo de pajuil gordo; bajaba los párpados al dar órdenes a los subalternos.  Desde luego, empezó a usar maletines y teléfonos celulares conectados a “Internet”.  Eran varios; los llevaban en un “servidor” con asa, parecido a un convoy para aceite, vinagre y pimienta.

-Don Pami, le han traído de regalo un juego de plumas “Montblanc” y un porta-pasaportes de piel de becerro. –Aló; si hablan de la dirección general; don Pami no se encuentra en su despacho; está en una reunión con el señor ministro, él  regresará en la tarde, muy tarde.  –Don Pami, por la otra línea lo llama su mujer; pregunta si usted irá a la casa al mediodía. –Dile que estoy muy “ocupado”.