A PLENO PULMÓN
Gallinas ponedoras

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Un escritor caribeño entró en una taberna de cierta ciudad de Europa del Este. Le habían informado en su hotel que allí se reunían novelistas, poetas, dramaturgos.  El lugar tenía fama de ser un “centro espontáneo de cultura”.  Los promotores de turismo ponían énfasis en la palabra “espontáneo”.  Querían decir que no se trataba de “cultura dirigida”, como había sido en la época de los gobiernos totalitarios.  La taberna ostentaba encima de la puerta un cartel con un enorme huevo de gallina. “Los parroquianos suelen consumir grandes cantidades de cerveza y de aguardiente de albaricoques”, explicó el “bartender” al visitante caribeño.

–¿Además de beber, qué otras cosas ocupan a los escritores que se reúnen aquí? ¿Trabajan en editoriales o en periódicos? –Perdone usted, pero no comprendo bien su inglés; llamaré al cubano.  No hubo que avisarle; estaba detrás del “bartender” escuchando la conversación.  –Vivo aquí hace veinte y cinco años; mi mujer es de aquí y mis hijos también.  Ya no volveré a mi país.  –¿De qué hablan los escritores de esta ciudad tan hermosa cuando se sientan a beber? –Bueno, creo que conversan siempre sobre asuntos políticos, hacen chistes groseros, critican a otros escritores.  Es lo que oigo todos los días. 

El cubano se dirigió rápidamente a la cocina a transmitir la orden del recién llegado cliente caribeño.  Al repasar el menú éste notó que en cada página aparecía el huevo de gallina, como un emblema o marca característica.  –¿Qué significa este huevo? preguntó. –Servimos huevos en muchas formas; es nuestra especialidad.  Las personas que recibimos en mayor número no comen carne a menudo; están obligados a consumir huevos.  Son individuos creativos que producen sus obras como si fueran gallinas ponedoras.

Miró de nuevo el menú y entonces cayó en cuenta de que bajo cada huevo se veían montoncitos de paja reseca.  Tal vez eso quiera decir que el huevo debe caer sobre una superficie blanda para que no se rompa.  O sea, que los escritores serían más fecundos si las “condiciones exteriores” fueran favorables.  El cubano regresó con bandejas, platos, cubiertos, para poner el servicio.  –Mi hija dice que los mejores escritores vivieron sin comodidades, ni siquiera tenían paja para amortiguar el parto.