A PLENO PULMóN
La cabeza en rojo

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En 1976 escribí un artículo titulado: “Llenar un espacio de papel”.  Era entonces columnista del vespertino “Ultima Hora”.  Han transcurrido 33 años.  Sigo siendo columnista; ahora del periódico “Hoy”.  En aquel escrito narraba el llamado urgente del director del diario, Virgilio Alcántara, para que enviara mi colaboración: “Debo sacudir de mi cabeza deberes exigentes, como si fueran insectos obstinados, para teclear apresuradamente y producir unas virutas de prosa”.  “Hay que tomar el hilo otra vez, volver a pensar acerca de lo que hemos escrito hace algunas semanas, intentar terminar de decir las muchas cosas que hemos apenas balbuceado o expresado sólo a medias”.

 “El periodismo es una trágica actividad intermitente que torna hilachas los pensamientos, que convierte en esquirlas las visiones más amplias y enterizas.

  Los reporteros de un diario trabajan en forma eruptiva, volcánica, con altibajos de agitada acción y de espera aburrida”.  “También los fotógrafos, los editorialistas y hasta los llamados columnistas –generalmente más reposados- terminan contagiados de la enfermedad de los letreros de neón.  Prenden y apagan los periodistas, dan su luz un instante y vuelven a la obscuridad para volver otra vez a encender”.

 “Nunca una noticia llegamos a conocerla hasta el fin, nunca un tema es llevado a su acabamiento.  La luz de la prensa escrita no puede alumbrar una zona muy grande.  No hay tiempo ni espacio para esa pretensión desmesurada”.  “Crímenes, guerrillas, asaltos, guerras, problemas económicos, espectáculos, mujeres hermosas, políticos gesticulantes, todo pasa por las páginas del periódico, como proyectado por una linterna mágica, y desaparece antes de que sepamos bien qué ha ocurrido, qué hemos visto o sentido. La vida integra es así atomizada en instantes separados, sin orden ni estructura. ¿Es muy rápida la vida moderna?”.

 Antes de escribir el artículo que acabo de copiar para “A pleno pulmón”, había preguntado:  ¿Cuáles son las causas de que  los escritores queden a veces “con la cabeza en blanco”?  Escritores y periodistas  sufren ocasionales ataques de “parálisis escriptural”. Veo asombrado, treintitres años más tarde, que todavía pueden ocurrirnos las mismas cosas.  El único cambio es que actualmente tenemos “la cabeza en rojo”. Horrorizados por tantos crímenes, en pleno apogeo del hampa, vivimos bajo la consigna de “alerta perpetuo”.