A PLENO PULMÓN

Las gallinas ciegas

Lo que no pudieron hacer los políticos en los últimos quince años, lo hizo el terremoto en quince días. Todos recuerdan las palabras del canciller Morales Troncoso: el gobierno haitiano no ha respondido la invitación a reactivar la Comisión Mixta Bilateral. Los periódicos  especulaban acerca de que el Presidente Preval y el Presidente Fernández “tendrían que juntarse en Washington obligatoriamente”. Los cancilleres y miembros de la Comisión Mixta se reunirían en la frontera dominico-haitiana. Se ocuparían solamente en ceremonias y protocolos.

Clinton agarraría por los pescuezos a los presidentes de la isla y les forzaría a hacer arreglos al estilo norteamericano. Los “negritos del Este” y los “negritos del Oeste”, conminados por la comunidad internacional, “pasarían por el aro” con la misma docilidad que unos perritos de circo. Abandonarían “resabios nacionalistas” y otras zarandajas históricas o culturales. Los americanos –con respecto de Haití- no pegan una. Suponen que Cité Soleil es como un Harlem más desordenado y pobre. Los políticos todos –dominicanos, haitianos, franceses, norteamericanos-, han pasado muchos años dando tumbos en un juego loco de gallinitas ciegas.

 El terremoto” encueró” la realidad a los ojos de propios y extraños. El senador haitiano Joseph  Lambert “descubrió” que Haití y la RD son naciones con “distintos niveles de desarrollo socio-económico, con visibles diferencias culturales y lingüísticas”.

La tragedia espantosa de Haití dejó en claro que los seres humanos también tienen valores comunes, aunque existan diferencias idiomáticas o de costumbres. He visto mujeres dominicanas amamantando niños haitianos huérfanos. Socorristas dominicanos acudieron a Haití sin haberlos llamado, y se extenuaron removiendo escombros, enterrando cadáveres.

 Ahora quizás sea  posible que sociólogos haitianos e historiadores dominicanos no pierdan tiempo discutiendo si la RD es un “desprendimiento” del imperio colonial francés, o si Haití es un “trozo desgajado” del imperio español; si en los textos de geografía la isla debe aparecer como la Española, Saint Domingue o Haití.

La magnitud de los daños del terremoto ha mostrado a los diplomáticos europeos  que esa catástrofe no puede enfrentarla solitariamente ningún país. Ha de ser entre muchos. Es evidente que sin fortaleza en los vecinos  dominicanos no habrá posibilidad de  reconstruir la economía haitiana.

Repentinamente, todas las gallinas ciegas han recobrado la vista.