A PLENO PULMÓN
Liturgias profanas

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Jean Anthelme Brillat-Savarin fue un abogado francés; vivió entre 1755 y 1826; pertenencia a una familia de abogados.  En 1789 le designaron diputado de su pueblo a los Estados Generales.  La Revolución Francesa lo empujó al exilio.  Estuvo en los EUA tres años, donde se las arreglaba impartiendo clases de violín.  Llegó a ser primer violín en una orquesta de NY.  Es conocido por un libro que apareció un mes antes de su muerte: “La fisiología del gusto”.  Uno de sus aforismos mas repetidos: “dime lo que comes y te diré quien eres”; otra sentencia celebrada: “un postre sin queso es como una bella dama a la que le falte un ojo”.

En los días festivos de Navidad puede haber “recogimiento” familiar; también meditaciones religiosas.  Pero no hay dudas de que se come y se bebe en abundancia.  No en balde al mes “cursante” le llaman mes de “bebiembre”.  El gobierno dominicano repartirá canastas con alimentos y pondrá “en acción” cocinas móviles para ofrecer “cenas populares”.  No tener cena un día cualquiera es percance trágico; pero no tenerla en Navidad es una tragedia elevada al cubo.  ¿Qué se come en Navidad?  En nuestra ciudad es de rigor que haya pasteles en hojas, teleras, puerco asado, lerenes, uvas, manzanas, empanadas de catibía.

Las liturgias todas son esencialmente religiosas. ¿Es licito hablar de liturgias profanas? En realidad, la comida navideña es un rito colectivo.  La fabricación del ponche casero es trabajo de licorista sólo en primera instancia; también lo es de boticario y de sacerdote; leche, huevos, ron, nuez moscada, jengibre, son ingredientes de recetas que varían según los “alquimistas” que las elaboran.  El ponche puede tener perfume familiar propio o modificaciones “farmacéuticas” especiales.  Los lerenes no “encajan” en el sistema métrico decimal; se venden por una medida llamada “cajoncito”, mezclados con pan de fruta.

La harina de catibía, elogiada por los cronistas de indias, es materia prima de  las empanadas más sabrosas del mundo.  Esta harina se produce en pequeña escala.  Antropólogos y folcloristas no han defendido nuestra herencia   arahuaca.  Más importante aun es el puerco asado.  Hay “lechoneras” de pobres y de ricos, ambas estupendas.  Necesitamos un Brillat-Savarin que difunda mundialmente las “liturgias gastronómicas” antillanas.