A PLENO PULMÓN
Los limosneros no tributan

Los escritores antiguos “pasan de moda”; pero leerlos renueva en nosotros la certidumbre de que ciertas cosas no cambian, o cambian muy poco.  Un historiador griego, Dionisio de Halicarnaso, afirmaba: “El medio más seguro de arruinar un país es dar el poder a los demagogos”.  Dionisio de Halicarnaso vivió, en tiempos de Augusto, en esa ciudad de Asia Menor, que ahora lleva el nombre de Bodrum.  Cayo Suetonio, apodado Tranquilo, escribió: “un buen pastor esquila las ovejas, no las desangra, ni las devora”.  Es autor de un libro sobre las vidas de los primeros cesares romanos.

Los impuestos que cobran los recaudadores dominicanos son muchísimos.  Hay impuestos “sobre la renta”, sobre la emisión de cheques – un impuesto “al pago”, así sea de impuestos –;  los hay sobre el consumo de lujo y sobre “el gasto de necesidad”, sobre medicamentos, bebidas alcohólicas, tabaco, billetes de lotería, placas de vehículos, documentos personales.  El “ITBIS” se aplica a un sin fin de bienes.  Hay impuestos de salida, de entrada y de tránsito.  En las carreteras nos cobran peajes… y hasta en gestiones burocráticas, ventas, servicios.  Se ha propuesto imponer tributos al ahorro.  Economistas “tradicionales” piensan que gravar el ahorro es lo mismo que poner impuestos a la inversión.

Necesitamos la inversión pública y la inversión privada para mantener – o hacer crecer – el ritmo de la producción y, de ese modo, proteger los empleos de los que están trabajando.  Una vaca a la que se le quite de la boca el forraje producirá muy poca leche. Para que las recaudaciones de impuestos no desciendan más de lo que han descendido… hay que dejar en manos del público “algún dinero para consumir”.  Toda la actividad económica depende de que la gente compre o venda.  La actividad tributaria, a su vez, cuelga de la posibilidad de que haya compras y ventas; de que las personas tengan dinero para “expresar” demandas efectivas, no potenciales.

Los limosneros no tributan; piden socorro a quienes, habiendo tributado, les sobra “menudo” en los bolsillos.  Cuando todos seamos limosneros no podremos tributar, ni ayudar a los pordioseros.  Los “publicanos mayores” declararon que no habrá nueva reforma fiscal.  Ojalá sea cierto; y hagan suya la sentencia de Suetonio.