A PLENO PULMÓN
Máquina de moler carne

El mundo de hoy se ha vuelto una máquina de moler carne, una trituradora de ilusiones, creencias, teorías filosóficas, científicas.  Nos quedan, desperdigadas o en hilachas, los restos de antiguos conceptos prestigiosos.  Como el hombre es incapaz de reinventarlo todo desde la nada, subsisten aquí y allá, residuos fósiles de creencias, costumbres o ideas, que tuvieron vigencia en otro tiempo.  Pero nadie toma en serio esos “pensamientos anticuados”. Se usan sólo como puntos de referencia, tal si fuesen nombres de calles o avenidas, lugares comunales para transitar y no para reflexionar.  Se dice que hemos adoptado “nuevos paradigmas”.

La demolición o trituración conceptual abarca la religión, la moral, el sexo, la economía, la familia, el trabajo, las ideologías sociales.  En el mundo de las ciencias naturales está firmemente establecido que Copérnico inauguró un paradigma nuevo: el sistema heliocéntrico.  Sustituyó el viejo paradigma ptolemaico, que colocaba a la tierra en el centro del universo.  Paradigma significa modelo, ejemplo a seguir, sea en la conducta personal o para la comprensión del mundo.  La imagen de la naturaleza que sostenemos hoy la debemos al pensamiento de Copérnico.  Hemos arrumbado el paradigma de Ptolomeo.  En el ámbito social no ha ocurrido como el campo de la cosmología.

 En las humanidades, en las disciplinas cuyo centro  es el hombre, no existen paradigmas respetados, visiones modélicas compartidas.  Los jóvenes de este tiempo carecen a la vez de Ptolomeo y de Copérnico.  No tienen un cielo de “estrellas fijas”, ni tampoco ningún “ordenamiento” para orbitar alrededor de algún astro mayor.  Las ideologías políticas no parecen tener mucho peso en la época actual.  Los partidos luchan por alcanzar el poder; una vez asumen el gobierno, las diferencias entre ellos son insignificantes, incluso en venalidades, atropellos, enriquecimiento ilícito.

 Los economistas no están de acuerdo en sus diagnósticos acerca de las crisis financieras; los políticos no saben qué hacer con el régimen de El-assad en Siria, con los piratas cibernéticos como Julián Assange; ni con aquellos que operan en el Océano Indico.  La “lucha contra las drogas” se mantiene en el mismo punto que hace décadas.  El único cambio es que ahora los traficantes pueden matar más gente que antes.  ¿Cuál es el paradigma vigente?