A PLENO PULMÓN
Monumentos de hojalata

Llaman bodrio a un guiso al aderezado; se le dice adefesio a un adorno ridículo y extravagante; un esperpento es un objeto de notable “fealdad y mala traza”.  La época que nos ha tocado vivir está repleta de bodrios, adefesios y esperpentos.  Un cronista atento a los acontecimientos de hoy podría, fácilmente, hacer una relación detallada de monstruosidades artísticas, literarias, políticas, económicas, sociales.  Sería “la lista de nunca acabar”.  Lamentablemente, en nuestro tiempo esos esperpentos, adefesios y bodrios, tienen completa “aceptación social”.

Que haya cantantes sin voz o bailarines cojos no es un asunto escandaloso.  Agustín Lara, el laureado compositor mexicano, cantaba, con voz débil y enfisematosa, bellísimas canciones.  Su manera “intimista”  de cantarlas era un “añadido estético” a su incapacidad respiratoria.  El caso de nuestro Juan Lockward es parecido.  El “mago de la media voz” transmitía los dolores sentimentales de su “guitarra bohemia”.  Pero existen también cantantes mascullantes sin gracia, sujetos gritones que agitan frente al público melenas descuidadas, y tipos vestidos con costosos harapos, que se mueven de un lado a otro del escenario, recitando letanías en un solo tono.

Más grave es la “chatarra mental” que circula libremente y “se hace pasar” por reflexión filosófica o “pensamiento social”.  Publicistas y “grupos de acción” se encargan de difundir, alabar y justificar, cualquier “carraspeo literario” o artístico.  Los jóvenes quedan confundidos durante años, antes de empezar a sacar su propio balance vital.  Sin embargo, estos últimos adefesios y esperpentos no son los peores.  En el campo político son frecuentes individuos como Berlusconi, el sultán europeo que padecen actualmente los italianos.  Paradójicamente, el enajenado que logró herirlo en Milán desató una reacción favorable de piedad.

Los escultores contemporáneos pusieron en boga extraños materiales para construir su obras: alambres, retorcidos sirvieron para modelar esmirriados quijotes; con “bumpers” de vehículos desechados se esculpieron niquelados elogios de la economía industrial.  Los iniciadores de dichos movimientos realizaron obras de arte originales y valiosas. Los imitadores de esos primeros escultores creativos se precipitaron sobre los basureros para “rescatar” de la oxidación flejes, recipientes de latón, resortes de los bastidores de camas desahuciadas, cacerolas perforadas.  Encontraron en el vertedero las materias primas de una poesía nueva.  Levantaron entonces monumentos de hojalata.