A PLENO PULMÓN
Naufragio cotidiano

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Un “dominicano ausente” envió un correo electrónico a la dirección que aparece en el encabezado de esta columna.  Se refiere específicamente a unas notas mías, publicadas hace meses, en las cuales preguntaba: ¿Por qué algunos dominicanos se van de su país? ¿Por qué otros dominicanos se quedan?  La mayor parte de los dominicanos que emigran sigue teniendo vínculos emocionales con su país de origen.  “Remesa” miles de dólares a sus familiares, lee noticias y comentarios en los periódicos de RD; y también visita su tierra durante la navidad o en “fechas especiales”  para sus padres, hijos, hermanos.  Matrimonios, bautizos, graduaciones, aniversarios, son ocasiones apropiadas para viajar y “dar un vistazo a lo que dejó atrás”.

 El “dominicano ausente” compara continuamente “el estilo de vida” de sus compatriotas con los hábitos colectivos propios del país que le acogió.  Fija sus ojos en lo que abandonó hace años y contrasta lo que ve con aquello que adoptó al comenzar nueva vida en “el extranjero”.  Todo cuanto era incapaz de percibir desde aquí, logra comprenderlo al observar las calles del país anfitrión.  La basura, clasificada previamente, se deposita en lugares determinados; no se esparce por las calles.  Los servicios municipales no “recogen” basura de las avenidas; vacían recipientes repletos de distintos desperdicios.

 El transito de vehículos en las vías de Santo Domingo no es como en las ciudades de los EUA.  Hay señales y reglas que deben ser cumplidas.  No hacerlo puede provocar muerte, arresto o multa.  Las reglamentaciones abarcan muchos órdenes de la vida social.  Desde la basura y la circulación de automóviles, hasta la educación, la salubridad o el trabajo.  Cada empleado tiene que “pinchar la tarjeta” a la hora de entrar y salir de su centro de labores. 

 Como es de rigor, ningún país es perfecto; “en todas partes se cuecen habas”, afirma el conocidísimo refrán.  En países con larga tradición democrática, con economías poderosas y diversificadas, ocurren escándalos políticos, fraudes financieros, se descubren “desordenes” e irregularidades administrativas en esto o aquello.  Pero no es la norma general.  Existe una porción importante de asuntos colectivos “que funcionan eficientemente”.  “Yendo y viniendo” ese dominicano ha descubierto que la vida en RD es actualmente “un naufragio cotidiano”.