A PLENO PULMÓN
Necedad y ñoñería

Llaman memeces y ñoñeces a las actitudes propias de memos y ñoños.  En la República Dominicana sociólogos y psicólogos podrían comprobar una abundancia enfermiza de necedad y ñoñería.  Muchísimas personas “se apuntan” como seguidores de las modas que nos llegan del exterior.  Si la corbata “viene ancha”, o estrecha, no queremos “quedarnos atrás”.  A veces los zapatos se fabrican con punta cuadrada; otras veces los diseñadores prefieren zapatos puntiagudos que permitan matar insectos en una esquina de la habitación.  Cambiamos en cada caso para “seguir la corriente”.

Cuando se trata de zapatos, corbatas o faldas, seguir o no seguir la moda no es peligroso.  Puede traer sonrisas burlonas y pequeños “inconvenientes sociales”; pero no más.  Una vez sufrimos una oleada de “análisis transaccional”; después hubo una epidemia de “calidad total”.  En una época remota los centros educativos y los clubes de servicio patrocinaban cursos de relaciones humanas.   Era obligatorio saber “como ganar amigos e influir sobre las personas”.  Estas viejísimas novedades no acarreaban consecuencias peligrosas.  La cosa es diferente si nos “enganchamos” con “el libre comercio” o la “globalización económica”.

No quiero decir que debamos volver la espalda a los “esquemas de integración económica regional”.  Nada de eso.  Lo esencial es saber cómo y cuando debemos firmar un tratado de libre comercio.  Para que no ocurra, como en este momento, el descubrimiento “repentino” de que nuestras empresas no pueden competir en el exterior, de que el famoso DR-Cafta nos parte por el eje.  Primero fue celebrado como un triunfo diplomático y económico; y, después, defendido agresivamente frente a los pocos que se atrevieron a formular reparos.  Funcionarios y economistas, todos  a una, descalificaron a los críticos.

Los argumentos para firmar el Tratado; y los artilugios para defenderlo después, pueden calificarse de memeces macizas y ñoñeces infantiles.  Con la globalización de la economía los riesgos son mayores, pues lo países ricos reparan sus daños mas rápidamente que los pobres.  Los mercados, ciertamente, son globales; pero la necedad y la ñoñería no son globales.  Los negociadores norteamericanos y europeos trabajan para sus respectivas economías.  No es necesario vestirse atropelladamente con  corbatas neoliberales, zapatos de libre comercio… y  faldas globales que nos dejen el ano a la vista.