A PLENO PULMÓN
Nochebuena por dentro

Poder disfrutar de la Nochebuena es un privilegio social; no todos los seres humanos que habitan el mundo cristiano tienen esa suerte.  Para muchos millones de hombres, mujeres, niños, en un montón de países, no será la de hoy una noche buena.  Es probable que aquellos que no tienen trabajo, o sufren enfermedades, reciban asistencia de familiares y amigos; quizás les toque una “canasta navideña” de las que reparte el gobierno.  En nuestro país es costumbre compartir con vecinos o relacionados los manjares y bebidas “de Nochebuena”.  Muchos dominicanos pobres cumplen estas normas distributivas no escritas, sin aspavientos, ni alardes caritativos.

 Para las personas beneficiarias de esos hábitos piadosos, la Nochebuena es tan sólo una pausa en el sufrimiento ordinario.  Después de la cena, sea compartida, comprada u obsequiada, sentirán la incertidumbre desgarrante de “el próximo día”.  Quienes disfrutan verdaderamente de la Nochebuena son aquellos que al levantarse de la cama comen de nuevo un trozo de pierna de puerco, “prueban” la ensalada sobrante; y bajo techo, sentados en un confortable sofá, pueden dar gracias a Dios por no  sufrir escasez y no estar obligados a salir a trabajar los días feriados.

Podría argumentarse, con razón, que existen millones de personas que todos los años preparan suculentas cenas de Nochebuena; que al día siguiente vuelven a servirse un plato de lo mismo que han comido la noche anterior.  No parece justo llamar privilegio a una simple comilona anual, un rito que abarca ya la sociedad entera.  Celebrar la Nochebuena ha llegado a ser “una rutina cíclica” a la que prestamos poca atención.

 Pero si nos apartáramos momentáneamente de los tenaces prejuicios que nos ocultan realidades palmarias, caeríamos en cuenta: lo que parece “normal” para muchísimos no lo es para otros muchos… que son muchos más.  Casi nunca revisamos la larga lista de “cosas buenas” de las que gozamos habitualmente, entre ellas, la Nochebuena.  Hay bienes mayores en los que no reparamos: la salud, la educación, el trabajo regular y satisfactorio, los vínculos afectivos con hijos, hermanos, esposas y novias.  Estos elementos fundamentales forman “la infraestructura” de la vida humana.  Y actúan conjuntamente en la Navidad.  En verdad, disfrutar la Nochebuena es un privilegio social.