A PLENO PULMÓN
Remar en tierra

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La clase media es, en ocasiones, la clave de la estabilidad social; puede “funcionar” como un cojinete colectivo entre ricos y pobres.  A veces “representa” la comprobación comunitaria de que el ascenso económico es posible.   La familia que adquiere una vivienda alcanza un “rango especial”, da un paso esencial hacia la “seguridad”.  De ahí que sea tan importante la existencia de un sistema hipotecario fuerte.  Es la vía financiera para que una porción considerable de la sociedad pueda “tener casa”.  Política y económicamente la clase media juega siempre un papel protagónico.

 También, en las revoluciones, la clase media interviene decisivamente.  El empobrecimiento puede llevarla a la participación política activa, a abandonar su papel pasivo de hoy.  Sin la disciplina en el gasto que caracteriza la clase media los negocios se verían en serios apuros; incluso el crédito del sector financiero sería insostenible sin la regularidad de los pagos de ese grupo social.  Colegios, farmacias, colmados, tarjetas de crédito, hipotecas, dependen de los ingresos de los que trabajan en empleos permanentes.  La revolución bolchevique no fue obra exclusiva de “obreros y campesinos”; lideres, publicistas, periodistas, agitadores, provenían de la clase media.

 Es obvio que tanto los ricos como los pobres actúan en la historia.  Fueron los nobles y el clero los grupos que impusieron en Inglaterra la Carta Magna al rey Juan Sin Tierra en 1215.  No se trata de “privilegiar” los valores de este o aquel segmento de la sociedad.  Lo deseable es que logren integrarse armoniosamente en una gran tarea común.  Los pobres se van en yolas, he apuntado ayer; los ricos se guarecen bajo una campana neumática, en Miami, en Casa de Campo; la clase media, que “no tiene para dónde coger”, se queja, sufre, refunfuña; a menudo claudica; abandona partidos, principios, normas morales. 

 Los disgustos de “los de abajo” podrían “canalizarse” hacia un proyecto antípoda del Canal de la Mona.  Habría que persuadirles de que “remen en tierra”.  A los ricos tal vez les convenga dejar de esquivar “la marea del desempleo”.  Deberían “salir del closet” y participar en el ruinoso espectáculo de nuestra política.  Quién sabe si algunos atrevidos de clase media, finalmente, asumirían el rol de “materias aglutinantes”… y militantes.