A PLENO PULMÓN
Sabiduría animal

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He oído decir que de la Gran Muralla queda el 30% de lo que fue durante la dinastía Ming.  La línea actual de la muralla se extiende por casi nueve mil kilómetros. Los constructores siguieron el camino trazado por la marcha de las cabras.  El instinto de los animales señaló a los chinos el lugar apropiado para fundar defensas contra invasiones de nómades mongoles.  Finalmente, la famosa muralla  no sirvió para detener las continuas migraciones mongólicas.  Diez millones de trabajadores murieron en el esfuerzo de construirla.

Escuchar estos datos  -de  boca de un funcionario chino- dejó en mí dos impresiones permanentes: la inutilidad de las previsiones heroicas; y la misteriosa sabiduría animal, especialmente de los cuadrúpedos.  En agosto de 1946,  fecha del sismo que sacudió violentamente nuestro país, vi un caballo arrodillado durante el temblor de tierra.  Las mujeres piadosas decían: hasta los caballos piden de rodillas la misericordia de Dios.  Muchos años después leí que los animales manifiestan  inquietudes inexplicables ante la proximidad de un terremoto.

Creo que pronto podremos hablar de “sabiduría animal”; nos hemos acostumbrado, por obra y gracia del computador, a admitir el uso de “inteligencia artificial”. Tras el maremoto de 1755 los lisboetas relataron lo que habían visto en aquella hora difícil. Uno, que su gato corrió sin rumbo; otro, que su perro se paró en dos patas; que los caballos relinchaban sin motivo. Esas “habladurías”,  observaciones “no metódicas”, quizás hayan sido el “arranque” de la sismología.

La querella del “magnetismo animal” fue un capítulo simpático de la vida europea. Un alemán llamado Antón Mesmer  puso de moda el tema. La discusión de si el “mesmerismo” era ciencia o charlatanería, quedó zanjada en París, en 1784, mediante sentencia –entre otros- de Lavoisier y Benjamín Franklin. Últimamente -años ‘80 y ‘90 del pasado siglo- se ha comprobado que las abejas poseen moléculas con “material magnético” en el abdomen. Es probable que los ojos de los animales contengan “pigmentos fotosensibles”.  Muchos insectos se orientan por captación de campos magnéticos. La “magnétita” es el mineral a través del cual el hombre conoció los fenómenos físicos del magnetismo. Se sabe ahora que  las meninges de cada individuo incluyen partículas magnéticas con diferentes intensidades.