A PLENO PULMÓN
Sexodoma  múltiple

“Sexodoma múltiple” es el nombre de  una enfermedad que no aparece en los libros de patología.  Fonéticamente la relacionaríamos con sarcoma, carcinoma, y podríamos creer que se trata de un tumor;  no es así.  Algunos estudiosos suponen que es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central; pero enseguida les han salido al paso los psiquiatras; afirman que el tejido nervioso no sufre ninguna alteración en los pacientes aquejados de “sexodoma múltiple”.  Jóvenes psicólogos opinan que es “un problema conductual”.  Estiman que el “sexodoma múltiple” tiene su origen en la excesiva “disponibilidad de pornografía”.

Me han explicado que en Luxemburgo existe una empresa que se ocupa en promover “el sexo doméstico”, el encuentro de parejas que no desean salir de la casa, del “domo” privado.  Son muchísimas “las puntocom” relacionadas con el sexo: “sexodomo” es casa del sexo; “sexódromo” es pista para el sexo; “sexotél” es sexo por teléfono.  La red de “Internet” ofrece en dicho campo un menú tan amplio que no podrían competir con él los emperadores romanos Tiberio y Calígula, o el Marqués de Sade.  En este punto han “entrado en acción” periodistas y sociólogos que analizan las “sociopatías de las aglomeraciones urbanas”.

Sexo a la manera de Sodoma y Gomorra es lo que sugiere la denominación de esta enfermedad; que no tiene nada que ver con tumores; tampoco con “sexo doméstico” o “a domicilio”.  “Sexodoma múltiple” es una enfermedad propia de las ciudades.  Nueva York, Londres, Shanghái, Calcuta, Bombay, son lugares donde hay más “víctimas” de la enfermedad.  Paradójicamente, son “víctimas gozosas”; no sienten los “dolores de la enfermedad”.  Obsesionados por el sexo, en perpetua actitud cachonda, los afectados no se conceden reposo.  Buscan ansiosos nuevos “espectáculos porno”, modalidades “tecnológicas” de las antiguas orgías griegas.

 Hace tres semanas escuchamos noticias de que muchos operadores de bolsa descuidan sus obligaciones y se sumergen en la pornografía de la red de “Internet”.  En lugar de atender en el computador las columnas inertes de las cotizaciones del “Dow-jones”, prefieren ver mover las caderas de una “mulata virtual”.  La inestable situación de la economía, las amenazas de que bajen las “clasificaciones de riesgo”, no les preocupan. Están atrapados por una terrible enfermedad global inexplicada: “sexodoma múltiple”. (Reproducido por petición).