A propósito de Haití. Lo bueno de lo malo; lo malo de lo bueno

La tragedia ocurrida en Haití ha despertado la sensibilidad de la comunidad internacional que espantada ante la dimensión de la devastación vuelca su ayuda humanitaria en el vecino territorio.  Los dominicanos hemos reaccionado con rapidez extendiendo nuestro brazo a nivel oficial y privado.

Algo bueno ha salido de ese gran mal: la solidaridad humana. Ningún pueblo sale ileso de los desastres naturales, pero para Haití el terremoto del martes pasado es ciertamente devastador dado que nuestro vecino vive en un permanente estado de crisis, de virtual ingobernabilidad que lo coloca en el rango de los estados fallidos.

Y esa es la parte mala, que ninguna ayuda humanitaria coyuntural podrá remediar.

Quizás, además de ella, y después de enterrar los muertos y recoger los escombros, Haití debería acoger una fuerza de gobierno permanente compuesta estrictamente por las naciones desarrolladas dispuestas a invertir y cooperar en un programa de largo plazo que asegure su desarrollo sostenible.Podría ser esta la oportunidad, como dice el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, para sacar a Haití de una especie de maldición que lo envuelve desde mucho tiempo atrás.

Una fuerza de gobierno permanente capaz de implementar un programa a largo plazo que deberá incluir la apertura de fuentes de empleos y garantice un sistema de salud confiable para que ese pueblo se levante de una vez y para siempre.

Que las naciones desarrolladas, luego de enfrentar la crisis inmediata que sumerge a Haití en estos momentos,  vaya  mas allá de esa ayuda humanitaria.

Que  se disponga a analizar una eventual fuerza de gobierno permanente para nuestro vecino.