A respetar lo que manda la ley

La Junta Central Electoral (JCE) le ha salido al paso, oportunamente, a la pretensión de los partidos políticos de modificar a su conveniencia la proporción de candidaturas femeninas que dispone la Ley Electoral. Ha hecho muy bien este organismo, pues esa proporción de un 30% de las candidaturas es una conquista femenina ante una arraigada cultura machista que ha dejado en manos del hombre la hegemonía en la toma de decisiones en los ámbitos público y privado.

A los partidos se les ocurrió que podían cumplir el mandato de la ley con el solo hecho de postular un 30% de mujeres a nivel global, en vez de hacerlo en cada uno de los niveles de elección. Esta pretensión obedece a la dificultad que han tenido los principales partidos para completar sus candidaturas en algunas jurisdicciones, lo que les llevó a pedir a la JCE  que les permitiera violar los términos de la ley.

A fuerza de capacitación y esfuerzo la mujer ha logrado ir venciendo la exclusión de la toma de decisiones en que la había mantenido  confinada el machismo. Que haya logrado que se le garantice por ley un 30% de las nominaciones en cada nivel de elección no es suficiente, pero, sin duda, es un logro importante, que desmonta muchos pretextos y prejuicios sociales que ya no encajan en estos tiempos.

Ojo con ciertos inmigrantes

Por muchas razones, especialmente nuestras debilidades institucionales, el país es atractivo como refugio de extranjeros prófugos de la Justicia en sus respectivos países. Abundan los casos de captura y repatriación de extranjeros  acusados de crímenes que lograron burlar nuestros filtros migratorios y hasta han obtenido varias identidades por medios fraudulentos. Otros han sido sometidos por la Justicia local, por dirigir o pertenecer a grupos del crimen organizado.

Ahora, después del terremoto en Haití, estamos ante  el riesgo de que se hayan refugiado en  territorio dominicano numerosos presos haitianos que sobrevivieron al desplome de cárceles o que aprovecharon la sacudida para fugarse. Se sabe que entre los evadidos  hay criminales altamente peligrosos que estaban cumpliendo condena por homicidios y otros hechos graves. Nuestros organismos de inteligencia deben abrir bien los ojos y actuar.