Abandono

El parque Mirador Sur, un pulmón ecológico al que diariamente acuden cientos de hombres, mujeres y niños para ejercitarse y divertirse, deberá ser sumado a la ya abultada lista de lugares a los cuales no se puede acudir sin poner en riesgo la seguridad.

Las lámparas del alumbrado del parque, los alambres que las alimentaban, las bombas de las fuentes de agua y otros equipos y propiedades han sido sustraídos y el mirador ha sido convertido en un páramo oscuro al que no se puede ir de noche.

Sea por insuficiente vigilancia o porque la que existe se ha hecho cómplice de los malhechores, pero lo cierto es que el Mirador Sur ha dejado de ser un lugar de esparcimiento. La vigilancia, que estaba a cargo de la Policía Nacional y era asistida por la Policía Municipal, ha dejado de ser efectiva. No creemos que la disolución de la Policía Municipal tenga que ver con la situación, pues los asaltos y sustracción de equipos y propiedades del parque datan de mucho antes de la resoluciópn que contiene la medida.

Para cometer despojos, los delincuentes no discriminan entre un humilde obrero y un prominente neurocirujano como José Joaquín Puello.

Da pena decir que hay que inscribir el Mirador Sur en la lista de lugares bajo control de la delincuencia.

No se entiende que aparezcan recursos para mantener más o menos aseado el parque, y que no los haya para vigilar su alumbrado, sus fuentes y otras propiedades.

No debería ocurrir que en un país los niños, hombres y mujeres tengan que renunciar por temor a visitar los lugares que les están reservados como puntos de diversión, descanso o para ejercitarse.

Ya es grande la lista de lugares a los cuales es riesgoso acudir, sobre todo en horas de la noche. Habrá que agrandarla más para sumar el Mirador Sur, a menos que las autoridades estén dispuestas a revertir este abandono.

¡Nos salvamos!

Los usuarios del servicio de energía eléctrica viven de queja en queja, sin lograr que sus derechos sean respetados.

Exigen que se les facture en base a lectura de contador y no por consumo promedio, pero nadie les hace caso.

Reclaman que les sean acreditadas las horas de apagones, pero las facturas jamás traen descuentos por ese concepto.

Piden que las distribuidoras programen las interrupciones de servicio, pero nadie dice esta boca es mía.

Si nada de eso se ha logrado, no entendemos cómo pretenderá la Superintendencia de Electricidad una resolución mediante la cual le ordena a las distribuidoras que en cada factura consignen si la naturaleza de la factura es promediada o por lectura de contador y algo que el organismo define como índice de indisponibilidad, que es en realidad energía no servida, para tener una noción real del consumo. También las emplaza a que en 45 días remitan a esa superintendencia una base de datos con todos sus abonados.

Aquí no ha habido manera de transparentar las operaciones del mercado eléctrico, y mucho menos aquellos aspectos que conciernen a trato con el cliente. Pero, si la Superintendencia de Electricidad cree que puede lograrlo, pues nos salvamos.