Abandono

Los cuatro mercados que operan en la capital y en el municipio Santo Domingo Este son una vergüenza a la vez que una amenaza para la salud.

Los mercados “Nuevo”, de la avenida Duarte, de Villa Consuelo, en el sector del mismo nombre, el “Modelo”, de la avenida Mella y el de Los Mina no merecen ser llamados mercados.

Son focos de contaminación y enfermedades enclavados en zonas densamente pobladas, a los cuales las autoridades municipales no les prestan la mínima atención.

Los alimentos provenientes de los mercados suelen estar contaminados y en esas condiciones van a parar a los hogares, ampliando las posibilidades de ser vehículos para la transmisión de enfermedades.

Algunos de estos centros de abastecimiento de alimentos no reciben mantenimiento ni aseo. En ellos se mezclan el fango y los alimentos, los desperdicios orgánicos y las plagas sin que haya políticas de saneamiento.

Son focos de multiplicación de ratas, cucarachas, moscas y otras plagas que terminan invadiendo las viviendas de sus inmediaciones.

En alguna etapa de la existencia de estos mercados daba gusto acudir a los mismos y abastecerse de cuanto se necesitara, pero fueron cayendo en el abandono hasta llegar a lo que son hoy.

Lo peor es que a las autoridades municipales, que los administran y deben velar por su aseo y mantenimiento, parece no importarles en nada su situación.

-II-

Los ayuntamientos de los municipios donde operan estos mercados han dejado abandonadas las obras que iniciaron supuestamente con el propósito de adecentarlos.

Esas obras abandonadas representan pérdidas injustificables y para continuarlas hay que reformular presupuestos para calcular su encarecimiento.

Un gran centro de acopio que empezó a construirse en la autopista Duarte, que tendría la finalidad de abaratar los alimentos agropecuarios y establecer un vínculo más cercano entre productores y consumidores ha quedado abandonado a su suerte y nadie sabe si será continuado.

Se trata de un centro al que vendrían los productores a negociar sus productos con quienes los venderían en los mercados. Al reducir la intermediación, que en nuestro país es exageradamente numerosa, ayudaría a rebajar los precios de la canasta familiar.

Pues bien, ni se hace nada por los mercados ni se termina de construir el centro de acopio. Las autoridades municipales parecen muy atareadas y no tienen tiempo para velar por estos asuntos.

Los ayuntamientos deben retomar sus obligaciones con respecto al mantenimiento y aseo de los mercados, en el entendido de que contribuirían con la limpieza y la preservación de la salud de la comunidad.

No hay argumento que pueda justificar que los mercados sean mantenidos en estado de abandono.