Aborto: Legal, pero no obligatorio

Eusebio Rivera Almodóvar

Teóricamente es posible producirle un embarazo artificial a un hombre, pero en la práctica Dios sobrecargó la responsabilidad anatómica, fisiológica y socio-económica de la reproducción humana sobre la mujer. El sensacionalismo de que un hombre se embarazó seguirá encontrando ingenuos seguidores pero finalmente todos desilusionados. Por esta realidad incuestionable es que nadie puede imponer en una mujer, con pleno uso de sus facultades intelectuales, educación doméstica y académica suficiente para formarse una íntima convicción, la decisión de interrumpir o llevar a término un embarazo, deseado o no.
Por lo anterior me sorprendió la reciente publicación de unas declaraciones del apreciado amigo doctor César Mella, afirmando que si su hija quedaba embarazada producto de una violación, le hacía un aborto, respaldando la decisión del presidente Medina modificando la ley que sobre el asunto aprobó el Congreso.
He repetido que la firme convicción de la embarazada genera una irrevocable decisión sobre la continuación o interrupción de su embarazo. La afirmación del doctor César Mella ejemplifica nuestro parecer: ¿Y si se diera el caso de que su hija no compartiera los criterios de su padre y no desea abortar?, ¿la desheredaría?, ¿la colocaría a la fuerza en una mesa de cirugía y la desembarazaría? La respuesta es fácil. Conociéndolo me atrevo a afirmar que respetaría la voluntad de su hija.
La sobrecarga a la mujer con la responsabilidad del embarazo no implica que si aborta es asesina y si no lo hace es mártir o suicida; significa que está revestida de la fuerza moral para tomar su decisión y en cualquiera de los dos escenarios, debería recibir el respaldo material y psicológico del Estado.