Abren diálogo

LA HABANA (AFP).- El Gobierno de Colombia y la guerrilla del ELN instalaron ayer, martes, en La Habana la sexta ronda de diálogos, en torno a una frágil mesa, castigada por un cruce de acusaciones, desconfianzas mutuas y agendas distintas, en la que despunta el candente tema del cese al fuego.

El encuentro, a puertas cerradas, estuvo liderado por el comisionado de paz del gobierno colombiano, Luis Carlos Restrepo, y el principal negociador del ELN y miembro de su comando central, Pablo Beltrán, confirmó a la AFP el sacerdote Dario Echeverri, facilitador de las pláticas.

Luego de un breve encuentro, ambas partes acordaron volver a las negociaciones a primera hora del miércoles.

   La participación de Echeverri, en representación de la Conferencia Episcopal de Colombia, como “testigo” en las pláticas, da cuenta del nivel de desconfianza entre las partes. “Las confianzas están muy resquebrajadas”, dijo Beltrán este martes a una radio de Bogotá.

   Otra muestra del recelo mutuo fue la difusión este martes, antes de empezar la ronda, de una propuesta del gobierno en que pide al ELN ratificar lo pactado hasta ahora desde que comenzaron las diálogos exploratorios de paz en diciembre de 2005, a fin de avanzar, en reuniones hasta el 6 de mayo, para definir un “acuerdo base” del proceso.

   Tanto Restrepo como Beltrán dicen no obstante tener el compromiso de no pararse de la silla hasta lograr resultados concretos a pesar de las abismales diferencias de forma y fondo que parecen poner el proceso en juego en esta ronda, convocada con las más grandes expectativas en 16 meses de pláticas.

   “La mesa de negociación está en un punto crítico. No hay una hoja de ruta. Hay dos. El gobierno tiene una y el ELN otra. Una de las grandes dificultades es esa”, sostuvo Beltrán.

   El gobierno colombiano insiste en que el ELN declare un cese de fuego y hostilidades, para cuya verificación propone la concentración de los rebeldes en una zona, y pide la liberación de secuestrados.

   Desde Isla Margarita (Venezuela), el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, pidió al ELN que asuma con “seriedad” y “compromiso” las conversaciones, y afirmó que “lo que se necesita ahora es un cese de hostilidades que muestre la buena fe de que quieren avanzar en ese proceso”.

   El grupo insurgente dice ahora estar dispuesto al cese de hostilidades “temporal” y “experimental” para crear “un ambiente de paz y participación”, siempre que el gobierno se comprometa a detener “operaciones ofensivas”, según dijo Beltrán, quien añadió que un concentración en zonas para verificar el alto al fuego sería un “suicidio”.

   El ELN pide a Bogotá solución a la crisis de los desplazados por la violencia -unos tres millones según ONG-, reformas políticas y sociales que acaben con las causas del conflicto, una convención nacional sobre problemas del país y garantías jurídicas para sus miembros.

   Beltrán precisó entre las diferencias que los separa, el hecho de que el gobierno ubica al ELN en el campo del terrorismo y no reconoce que existe un conflicto social y político sino acciones terroristas.

   Los aspectos de forma no son menos importantes, para el ELN Restrepo es un “interlocutor no constructivo”; mientras que el comisionado duda de la autoridad de Beltrán para tomar decisiones.

   La Iglesia Católica colombiana, facilitadora de los acercamientos,  reconoce que ambas partes manejan ritmos y vías distintas para buscar la paz, pero se declara optimista y el pasado fin de semana envió a Cuba a cuatro representantes, entre ellos a Echeverri.

   Las conversaciones son seguidas por el Premio Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, quien se reunió con las partes a mediados de marzo y les pidió “resultados concretos”.

   Surgido en 1964 bajo la influencia de la revolución cubana, el ELN es con unos 4.000 hombres la segunda guerrilla que opera en el país sudamericano, tras las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de 17.000 efectivos.