Abril: cuarenta años después (2 de 2)

NARCISO ISA CONDE
El precedente en el Continente fue muy singular: nunca antes EU había intervenido con sus tropas para derrocar gobiernos progresistas. Le bastaban los sectores militares de derecha. En República Dominicana se verificó la alianza pueblo-militares democráticos, algo sumamente original. Y eso se contrarrestó de la peor manera: ejecutando una contrarrevolución de puro corte imperial, con tropas de los EEUU. A nadie le habían arrebatado una revolución tan necesaria como hermosa de esa manera. Y esto iba a marcar todo el proceso posterior: cuarenta años de nuestra vida política.

Las revoluciones bloqueadas conservan energía y por eso durante estos últimos cuarenta años sobre nuestro país se han desplegados enormes recursos de contención. Aquel trascendente intento ha sido penalizado por los EEUU, procurando evitar cualquier desagradable sorpresa.

Sobrevivir físicamente ha sido duro.

Sobrevivir política e ideológicamente más aún.

Por eso no son pocos los (as) protagonistas de ese proceso que cayeron asesinados y más aún los que terminaron claudicando. Homicidio y suicidio político bajo una presión extraordinaria, difícil de soportar. Toda una generación de revolucionarios (as) diezmada.

Y a todo esto se le agregaron los efectos depresivos del colapso del socialismo y de la derrota de la Revolución Sandinista, junto al auge de la globalización neoliberal, el impacto de la conversión de EU en única superpotencia militar y el peso de la idea de la imposibilidad de nuevas alternativas.

Esto implica, en parte, lo dilatado del proceso de recuperación y la escasa vigencia de las enseñanzas y los ideales de aquel abril. En otra dimensión también lo explica los errores cometidos por nosotros (as), muchos de ellos precisamente reñidos con las enseñanzas de Abril.

El hecho indiscutible es que Abril de 1965 es la historia de una revolución inconclusa, bloqueada, todavía pendiente de realizar. Y no se trata de pretender repetirla o calcarla, sino de desbloquearla desde la creación heroica de nuestro pueblo. Desde una nueva y renovada creación.

Cuarenta años de contrarrevolución, de nueva dependencia, de secuestro de la democracia, de corrupción endémica, de modernización segregada… cambian muchas cosas y ellas deben abordarse de manera diferente. Más aún, veinte años de neoliberalismo, de globalización manipulada, nos obligan a innovar.

Ahora no se trata de restablecer una constitución y un gobierno democrático. Se trata de superar el modelo neoliberal, la seudo democracia neoliberal, y la Constitución y la institucionalidad vieja y atrasada en que se fundamenta el sistema político vigente.

La tarea es más compleja, por eso no se trata de copiar el pasado.

Pero hay cosas esenciales por rescatar de ese proceso inconcluso: la autodeterminación, los principios incumplidos de la constitución de 1963, la alianza cívico militar, la amplitud y diversidad de la unidad político-social, el ensayo de poder popular y democracia directa, el rescate de la soberanía nacional…

La estrategia neoliberal impuesta, el modelo neoliberal vigente, las fuerzas sociales, políticas, civiles y militares que sustentan ese proceso de recolonización son las fuerzas a vencer.