Abril de 1965: constitucionalistas en TV

José Antonio Núñez Fernández
Cosa cierta resulta que La Voz Dominicana en Radio como en Televisión en abril del 1965 desempeñó un papel de capital trascendencia en las demandas pueblerinas de: “Regreso de Juan Bosch a la presidencia y vigencia de la Constitución del 63”.

Para rendir una pleitesía merecida a los buenos dominicanos que rechazaban en abril del 1965 a los golpistas de septiembre del 1963 y a sus mentores foráneos, me propongo evocar a los constitucionalistas que me tocó presentar por ante las cámaras de televisión durante los días 26, 27 y 28 del memorable mes de abril. Las presentaciones de forma alternativa las realizamos Luis Acosta Tejeda, Jaime López Brache y un servidor que todavía consume el oxígeno de los aires quisqueyanos.

Cuarenta y tres años han pasado ya. Loor a los ciudadanos que voy a citar! Tuve para mi honra el timbre y la gala de iniciar las presentaciones. Junto a mí estaban los aviadores Alfredo Hernández y Mena Mena, los dos llamaron a sus compañeros para que frente a la embarazosa situación no se colocaran frente al pueblo como agresores. Con fiebre y padeciendo varicelas llegó Héctor Aristy, quien hizo promesas que en la lucha brava supo cumplirlas. Tuve la oportunidad de presentar a José Francisco Peña Gómez, que desde el sábado en la tarde hasta el domingo por la mañana había estado en las ergástulas policiales.

En mis añoranzas que ya resultan bastante arcaicas evoco a dos sargentos que comparecieron a la televisión. Fueron los sargentos de la Marina San Quintín que llegó con un largo sable, sacando chispas del piso y el otro fue el Sargento Tito, que alegó ser el chofer del Jefe de la Marina, el comodoro Rivera Caminero. El sargento Tito aseguró que se alejaba de su jefe y se unía a los constitucionalistas. Otro personaje inolvidable fue el capitán Montalvo, que varias veces se presentó al estudio María Montez de la televisión, llevando marineros que apoyaban el regreso de Bosch y la vigencia de la Constitución del 1963.

Personaje extremadamente notable se hizo un señor de apellido Soto, que de Padre Las Casas vino a la capital acompañado de siete hijos, para convertirlos en soldados del pueblo en armas. Puede ser que constituyera una imprudencia; pero fue la madre doña Teté que mandó a una niña llamada Mercedita para que llamara a su padre, para que viniera para su casa y abandonara a sus compañeros de San Isidro.

Me tocó salir al aire acompañado del luchador “El Apolo”, que llamó a sus compañeros los “pancracistas”, para que con él se fueran a la lucha. Ellos lo oyeron y con él a la cabeza integraron “un comando”. Y no podía faltar un exaltado que no midió las consecuencias y sin importarle la acusación que nos hicieran, lanzó de viva voz un “Patria o muerte venceremos”. Me encaré con el joven que era un estudiante y le dije: “Usted está lanzando un grito de la Revolución Cubana, para que nos acusen que queremos establecer una segunda Cuba”.

Un ex oficial de la Marina de nombre Miguel Almonte habló como un orador y llamó a sus ex compañeros para que lo imitaran a él, que ya estaba presto para la lucha. Y dijo “Mírenme bien, que ustedes me decían el Bachiller”.

A la televisión fue también Juan Lockward “El mago de la media voz” que no asistió para cantarle a la Poza del Castillo, sino para recordarle a un hijo aviador militar que reflexionara profundamente y no usara su máquina de guerra en contra de su pueblo. También hizo su comparecencia por ante las cámaras de TV, Teófilo Ortiz “El pata blanca”. El aguerrido luchador portuario vivía en Villa Duarte y sus “enemigos naturales” lo desaparecieron.

Una enfermera de La Vega que era oradora como “La Pasionaria”, llamó a sus colegas las enfermeras, para que imitaran a la enfermera llamada “El ángel de Dien Bien Phu”, a Genoveva de Gallard Terraube. Detrás de la enfermera anuncié la presencia de un docto hombre del aire, el coronel Federico Fernández Sméster, quien con voz de Biblia y con inteligencia del Corán, llamó a sus compañeros para que recordaran que los aviones de guerra solamente deben usarse contra objetivos militares.

Y finalmente rindo parias a la memoria de un coronel que llegó con unos papeles que aseguraban que ya “las gentes de aquel lado del río” iban a cruzar el puente sobre el río Ozama y que venían a ocupar la ciudad. El coronel llamó al pueblo a no dar crédito a esos mentirosos papeles. Y aseguró que las ciudades no se toman desde el aire. Y los instó a que vinieran por tierra a tomar la ciudad… que de la José Martí no iban a pasar. Este coronel, que después se sembró en una montaña… se llama Francisco Alberto Caamaño Deñó. Y digo se llama porque los que mueren con honra son los vivos. Y los que viven sin honra esos son los muertos.